Apagando el “automático” y enfrentando nuestros temores

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Todos los días desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, nuestra vida nos va llevando por diferentes caminos. Algunos de estos caminos los elegimos. Otras veces los caminos nos eligen a nosotros. A veces dedicamos tiempo a reflexionar sobre estos caminos, otras no. Cuando no lo hacemos vivimos en “automático”, es decir de una manera en la que no evaluamos qué es lo que está trabajando y que no, que estamos eligiendo y que nos está eligiendo a nosotros. Digo “automático” porque nuestra vida puede ser como una máquina que funciona sola, sin dedicar tiempo a meditar, decidir, reflexionar y cambiar de caminos si es necesario.

Uno de los obstáculos para dejar de vivir en automático es que no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Es como el pez en el agua que no se da cuenta que está en el agua hasta que sale de ella. Con los seres humanos pasa algo similar, no nos damos cuenta de cómo funciona nuestra vida hasta que hay algún evento trágico, una pérdida de un familiar cercano, de un trabajo, de una relación, de nuestra salud, y eso nos “despierta”.

La pregunta que quiero hacerte es: ¿Necesitas esperar una oportunidad de este tipo para parar el automático y reflexionar sobre tu vida, sobre lo que está funcionando bien y lo que no y tomar decisiones que vienes postergando? Hoy te invito a que detengas el automático y te preguntes si el camino que estás recorriendo de tu vida está funcionando para ti. ¿Estas siendo un observador de la película que es tu vida o un actor dentro de ella? ¿Qué funciona bien, de que estás contento y orgulloso?¿Qué te gustaría que fuese diferente? ¿Cuáles son tus opciones? A veces nos olvidamos que tenemos opciones. No sabemos que hay más opciones disponibles. Estas opciones nos permiten crecer y aprender pero también nos llevan a tener que enfrentar temores que quizás no existían previamente.

¿Qué es lo que te da temor a ti? ¿Fracasar? ¿Quedarte solo? ¿Hacer el ridículo? ¿Perder el tiempo? ¿Ser rechazado? Sea lo que sea que te pueda estar deteniendo, es necesario que lo identifiques para poder enfrentarlo. El primer paso es “nombrarlo”, ponerle una “etiqueta” y decir “lo que me da miedo es…” Por ejemplo, soy miembro de un Board de Directores y el primer año me daba un poco de temor de participar porque tenía miedo de decir algo inapropiado y que me juzgaran negativamente o que me rechazaran. Como resultado de eso me quedé callado muchas veces y seguí “la corriente”. No “hice olas”, no dije nada que pudiese ser controversial o incómodo, pero el costo fue alto para mí porque perdí un poco de seguridad y dignidad conmigo mismo.

La verdad, lo hice en “automático” sin darme cuenta que lo estaba haciendo, pero empecé a sentir un malestar y no sabía por qué estaba ahí. Cuando me di cuenta y lo pude nombrar o etiquetar, me permitió escoger qué comportamientos quería tener en el futuro. Como resultado, decidí empezar a compartir mis ideas aunque fueran controversiales y tomé ese riesgo de ser juzgado o rechazado. Lo que me daba valor para hacerlo era que sabía que estaba siendo honesto conmigo mismo, que compartía mis ideas desde un lugar de compromiso para mejorar las cosas y eso se convirtió en la prioridad. Al final, gané más respeto de mis colegas por tomar el riesgo y compartir mis perspectivas sobres asuntos importantes para la organización.

Cuando tengas claro qué es lo que quieres cambiar y lo que te detiene, el segundo paso es tomar decisiones y el tercer paso es implementarlas. Quiero invitarte a que detengas el ”automático” y reflexiones sobre tu vida, el camino que estás recorriendo, los posibles temores que te están deteniendo para hacer lo que quieres hacer, decir lo que quieras decir y elegir lo que necesites elegir. Reflexiona y decide que necesitas hacer para alcanzar tus metas y toma acción inmediatamente. Mucha suerte!

Por: Damian Goldvarg, Ph.D.

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