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	<title>Adelante Magazine &#187; Ensueños</title>
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	<description>The Gay Latino Magazine</description>
	<lastBuildDate>Thu, 02 Feb 2012 02:20:53 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Soñando en la Oscuridad</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Aug 2010 04:03:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí me encuentro, en la completa oscuridad; mis ojos me duelen tratando de definir la forma de los cuerpos que pasan junto a mí. Me siento nervioso; es mi primera vez en este lugar y no sé qué debo hacer. Mi mejor amigo Jorge sugirió que viniéramos a este sitio. Expresó que sería divertido ver [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquí me encuentro, en la completa oscuridad; mis ojos me duelen tratando de definir la forma de los cuerpos que pasan junto a mí. Me siento nervioso; es mi primera vez en este lugar y no sé qué debo hacer.<span id="more-2030"></span></p>
<p>Mi mejor amigo Jorge sugirió que viniéramos a este sitio. Expresó que sería divertido ver esos cuerpos perfectos desfilando, mostrando con orgullo todo lo que poseen. Me dijo que no tendría que ser partícipe si no quería, pero que debía intentarlo.</p>
<p>Lo que él no sabía es que  mi sueño era poder verlo desnudo. Me obsesionaba esa idea desde que lo conocí en el gimnasio, pero mis esperanzas se anularon cuando me enteré que estaba casado. Pero cuando pensé que la batalla estaba perdida, me confesó que una noche él había tenido una experiencia con un muchacho en la preparatoria, y pareció gustarle.</p>
<p>Me dijo que había escuchado acerca de este lugar y  decidió visitarlo, pues sentía que allí su privacidad estaba asegurada; pero me preguntó si me importaría acompañarlo, para “protegerlo” si alguien decidía acercársele. Todo lo que tenía que hacer era actuar como su pareja para ahuyentarlos. Sólo quería conocer el lugar.</p>
<p>Y aquí estoy, tratando de actuar con naturalidad, pero en contraste me siento confundido; no sé si deba unirme a la acción o sólo ver y sentir cómo enloquezco pensando en lo que me estoy perdiendo.</p>
<p>Mi corazón late aceleradamente cuando siento una mano rozando mi pierna derecha. Intento pararme, pero no me quiero privar de la nueva experiencia. Lentamente, la mano viaja de abajo a arriba en mi pierna hasta alcanzar mis genitales. Mi engrosada herramienta salta al tibio contacto de la mano; y lo dejo actuar libremente; quiero ser parte de ese mundo por lo menos por esa noche. Sin pérdida de tiempo tomé con mi mano la erección de esa persona. Él separó sus piernas para darme libre acceso. De pronto se paró y se situó enfrente entre mis piernas y comenzó a jugar con mi pecho, mis abdominales y mis piernas. Coloqué mis manos a su alrededor y apreté sus firmes glúteos. Él empujó su cuerpo al mío y nuestros miembros erectos se entrelazaron enviando ondas eléctricas por todo mi cuerpo. Cerré mis ojos e imaginé que era Jorge el que me tocaba. Tenía que mantener mi fantasía.</p>
<p>Repentinamente sentí la pierna de otra persona rozar mi pierna izquierda. Pero lo ignoré porque quería continuar soñando y fantasear con que el muchacho que me abrazaba era Jorge.</p>
<p>El muchacho a mi izquierda permaneció allí. Era persistente, y aunque era obvio que lo ignoraba, él siguió presionando su pierna a la mía. Me sentí mal por no poder darle atención pero eso pareció no importarle. El muchacho enfrente de mí notó lo que pasaba y tomó mi mano y la colocó en la pierna del muchacho a mi izquierda. Lo estaba invitando a participar.</p>
<p>Decidí intentarlo y acaricié su pierna. Mi mente comenzaba a jugarme una broma; el muchacho a mi izquierda parecía tener características similares al hombre de mis sueños. Sus piernas eran duras, velludas y gruesas, justo como las que había visto de Jorge en el gimnasio. Dejé que mi mano explorara más arriba y encontré un grupo de abdominales perfectamente definidos. Se sentían cortados y delineados justo como los de Jorge, y cuando toqué sus pectorales me volví loco. Estaban cubiertos con un fino vello que me recordaban aquellos que tanto había soñado; este muchacho se acercaba más a mi visión del hombre perfecto.</p>
<p>Para mi fortuna, noté una sombra en la oscuridad que se acercó al muchacho que estaba parado frente a mí; en segundos ya estaban envueltos en su propio mundo. Se alejaron dejándome con este hombre parecido a Jorge. Realmente quería pensar que era él, pero supe que eso no era posible porque Jorge había sido claro al decir que no sería partícipe en nada, que sólo quería ver, y era obvio que este cuarto era muy oscuro para ese propósito.</p>
<p>Mi mano continuó hurgando hasta que encontré su erección. La jugué un poco imaginando como sería la de Jorge.</p>
<p>Era una pieza perfecta; se sentía muy caliente, no circuncidado pero la piel no cubría toda la cabeza, sólo lo suficiente para formar una ondulación en la base del glande. Lo que lo hacía diferente es que estaba completamente duro y con una curvatura pronunciada hacia arriba, haciéndolo más delicioso al tacto.</p>
<p>Encontré mi camino por entre sus piernas y mis labios besaron ligeramente la punta. Era obvio que él quería más, pero yo preferí tomarme mi tiempo.</p>
<p>Enterré mi nariz entre el nido de abundante vello, tratando de reconocer su aroma, pero sólo olía limpio, como a jabón. Introduje toda su columna en mi boca mientras mis manos continuaron recorriendo su cuerpo. Quería esconder mi cabeza por entre sus piernas; sentí que si realmente era él tal vez se asustaría si sabía que era yo el que estaba allí.</p>
<p>Entre más exploraba, más nervioso me sentía, porque todo concordaba con la figura de Jorge. Comencé a ascender trazando círculos con mi lengua sobre sus abdominales. Mi mano subió hasta su cuello y llegó a la parte trasera de su cabeza. Cuando sentí su cabeza rapada no me cupo la menor duda: era Jorge.  Quedé atónito; mi sueño se hacía realidad y mis emociones se desbordaron. No supe si debía continuar ¿qué pasaría si él no estaba consciente que era yo y me rechazaría cuando lo descubriera? Él había dejado en claro que nunca se envolvería con sus amigos. Pero todo este tiempo de espera bien parecía valer la pena.</p>
<p>Mis dudas se disiparon cuando se levantó y me atrajo hacia él. Su rostro quedó frente al mío y me besó profundamente en los labios. Ese beso me hizo estremecer de deseo, era difícil creer que finalmente era para mí. Pero si pensé que eso sería todo, simplemente no pude creer cuando se volteó y se ofreció a mí. En una suave voz me dijo que lo tomara con calma. Me alegró haber cargado un condón conmigo y procedí a colocármelo. Lo quería tomar de una vez pero tuve que hacer uso de mi paciencia.</p>
<p>Comencé a introducir despacio e hice una pausa cuando consideré necesario para que se acostumbrara a la nueva sensación. Mordí su oreja y besé atrás de su cuello. El aroma de su colonia finalmente invadió mi olfato y me excitó aún más. Empujé mi pelvis hacia delante y él acomodó su cuerpo entre mis piernas para poder penetrarlo más. Coloqué una mano en su pecho junto a su corazón y la otra en su miembro sintiendo cómo pulsaban en forma simultanea. Apenas pude definir la expresión de su rostro; su boca abierta respirando fuertemente, mientras sus manos estaban colocadas a cada lado de mi cintura para mantener nuestros cuerpos juntos. La sangre me hervía; de pronto una descarga eléctrica atravesó por mi cuerpo cuando sentí la presión que sus paredes interiores ejercían entre mis piernas apretando mi cuerpo fálico. </p>
<p>Inmediatamente supe lo que le estaba pasando y me apresuré a llegar al mismo punto para acompañarlo en su glorioso orgasmo. Sus dedos se enterraron en mis glúteos y me sentí vulnerable a su dulce tortura. De mí brotó ese caudal de sentimientos que mantuve por él todos estos meses, y quise que él lo supiera.</p>
<p>La sensación fue embriagante. Quedé sin palabras. Quise decir algo pero fue inútil. Nos separamos y él salió hacia las regaderas; mientras me quedaba allí luchando con mi incredulidad.</p>
<p>Tomé una ducha y cuando lo alcancé en los vestidores no pude mirarlo directamente a los ojos, pero su persistente mirada me dio a saber que esa no sería la única vez que estaríamos juntos.</p>
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		<title>El Muchacho del Rancho</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jun 2010 21:39:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[El cantar del gallo me despertó abruptamente. Al abrir los ojos me encontré con un bello espectáculo. Las ventanas de madera vieja empotradas entre paredes de adobe, enmarcaban la preciosa vista del rancho. Allí, en medio de la espesa vegetación, el tío de uno de mis amigos había construido su granja. La propiedad poseía un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El cantar del gallo me despertó abruptamente. Al abrir los ojos me encontré con un bello espectáculo. Las ventanas de madera vieja empotradas entre paredes de adobe,<span id="more-1825"></span> enmarcaban la preciosa vista del rancho. Allí, en medio de la espesa vegetación, el tío de uno de mis amigos había construido su granja. La propiedad poseía un ambiente tranquilo, producto de la combinación de los animales con la naturaleza. Enseguida me levanté y fui hacia la ventana para disfrutar el bello paisaje.</p>
<p>No era esta la típica ranchería a la que estaba acostumbrado; era más bien un paraíso terrenal, y eso estaba a punto de comprobarlo. Los caballos corrían libremente por la ladera de la montaña, mientras las gallinas se acercaban rápidamente respondiendo al llamado del granjero que se aprestaba a alimentarlas. Al otro lado los perros ladraban tratando de contener al alborotado rebaño de ovejas que se aprestaba a hacer su recorrido por las laderas. De pronto mis ojos se posaron en la viril figura de un muchacho montado a caballo.</p>
<p>Formaban el par perfecto; jinete y caballo eran dignos ejemplares. En realidad poco sabía de caballos, pero la fina estampa del animal resaltaba por entre todas la cosas. Por lo que me enteré después era un finísimo caballo árabe de piel tan negra que brillaba bajo los primeros rayos del sol, mientras su jinete lo montaba con altivez. Los dos poseían un atractivo salvaje merecedor de admirarse. Bajo las ropas holgadas de la camisa pude notar sus brazos fuertes y gruesos. Los músculos de la amplia espalda del jinete se contraían a cada paso que el caballo daba, pero más me llamó la atención la cintura esbelta que se perdía por entre un trasero bien definido y desarrollado, que enmarcaba un par de piernas con trabajo contenidas por la gruesa tela de su pantalón.</p>
<p>Me quedé allí frente a la ventana hasta que jinete y caballo desaparecieron por entre los árboles hacia el final de la ladera. Enseguida escuché el llamado de mis amigos para bajar a desayunar; y después nos fuimos al río a pasar la mayor parte de la mañana.</p>
<p>Ya por la tarde, escalamos la montaña visitando los rincones más profundos y bellos del lugar. Cuando alcanzamos la cima, el espectáculo me dejó perplejo. Desde ese punto se podía apreciar la naturaleza al máximo. Por allá a lo lejos las montañas se notaban de diferentes tonalidades debido a la distancia de cada una, mientras que por otro lado hasta se veían nubes que estaban más abajo de nuestra posición. Y entre dos montañas se abría paso un acaudalado río que abastecía a todo el pueblo. Si hasta ese momento creí haber visto todo, quedé maravillado con el espectáculo de la puesta de sol cuando éste se fue metiendo por detrás de las montañas. De pronto el cielo cambió su color a diferentes tonos de anaranjado y rojos encendidos que hicieron mi experiencia inolvidable.<br />
Regresamos al rancho ya tarde y por lo agitado del día, nos fuimos todos a descansar; nos esperaban jornadas de emoción y entretenimiento.</p>
<p>Al otro día desperté muy temprano y se me antojó darme una vuelta por el rancho. Me inquietó la arquitectura del lugar y me aventuré a explorar. Sin embargo mi curiosidad  casi me mete en problemas; en mi recorrido no noté que había llegado a la parte trasera de la casa, y allí se encontraba una regadera al aire libre. Supuse que era para que los trabajadores se limpiaran antes de entrar. Lo que nunca imaginé es que de pronto me topé con un espectáculo digno de admirarse. El muchacho que había visto a caballo la mañana anterior estaba allí, bajo la ducha, completamente desnudo.</p>
<p>Los primeros rayos de sol se posaban sobre su piel mientras el agua acariciaba su cuerpo. Me sentí tan mal por mi intrusión, pero no había forma de esconderme, pues había quedado completamente frente a él justo cuando abrió sus ojos, mientras sus manos recorrían su cuerpo.<br />
No me había equivocado, las formas de su cuerpo eran perfectas. Sus brazos fuertes pasaban una y otra vez por sus pectorales, descendiendo poco a poco por su abdomen y para mi sorpresa sus manos fueron a parar hasta su área genital, en la que comenzaba a crecer su miembro.</p>
<p>Permanecí boquiabierto, sólo pude balbucear un “lo siento”, pero él pareció no escuchar. Sus manos seguían ocupadas acariciando su miembro, y yo no podía creer su forma tan abierta de expresarse. El gesto en su rostro era clara señal de su disponibilidad, y decidí quedarme a disfrutar el espectáculo. Recorrí con la mirada todo su cuerpo y me fascinó la perfección de sus piernas. A pesar de lo grande de sus manos, su miembro sobresalía por entre los dedos. Era una pieza magnífica, cubierto de piel oscura y adornada con una vena que recorría su extensión. Excepto por sus genitales, el resto del cuerpo carecía de vello, dando una apariencia sedosa a su bronceada piel. Lo estrecho de su cintura contrastaba con su amplia espalda y sus musculosos brazos.</p>
<p>Finalmente pude escuchar su voz; tan varonil y profunda:<br />
-¿Por qué no te quitas la ropa y me acompañas? El agua está rica.<br />
En segundos me despojé de las pocas prendas que traía y me coloqué bajo la refrescante ducha, al tiempo que sentí su cuerpo pegarse al mío. La excitación que sentí era evidente, pero no había motivo para esconderla. Su cuerpo me envolvió por detrás y noté cómo su miembro se colocó enseguida entre mis piernas. Sus fuertes brazos me atraparon y sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo, poniendo especial interés en mi miembro erecto.  Comenzó a besar con pasión mi cuello mientras mi cuerpo se iba amoldando al suyo. Enseguida nos envolvió una pasión avasalladora que despertó su sangre de dominio. </p>
<p>La fuerza que debió haber usado muchas veces en dominar a sus bestias se apoderaba una vez más de él y con la maestría de un conocedor me fue tomando con fuerza pero con cuidado sabiendo hasta cuándo atacar de lleno para no encontrar resistencia de mi parte.<br />
Era increíble la habilidad que él mostraba, era todo un conocedor del dominio. Con movimientos cautelosos pero tenaces se fue introduciendo hasta invadir lo más recóndito de mi ser.</p>
<p>Mi cuerpo recibió al suyo sin reserva y permití que ese caudal de emociones que por tanto tiempo había guardado se desbordara respondiendo a su invasión, produciendo la más fogosa entrega de la que tenga memoria. Parecíamos no tener la fuerza suficiente para soportar toda esa pasión que nos envolvió. Nuestras piernas temblaban, nuestros corazones latían apresuradamente y de nuestras bocas surgían sólo sonidos de placer. Nuestros cuerpos mojados se movían frenéticamente con un ritmo acompasado simultáneo que parecía que hubiésemos estado juntos anteriormente.</p>
<p>De pronto nuestros cuerpos se tensaron y un calor intenso nos envolvió, como preámbulo a la lluvia de néctar corporal que surgió con fuerza de nuestro interior abriendo paso a la llegada de una serie de espasmos y estremecimientos que nos dejaron completamente exhaustos.</p>
<p>El agua que bañaba nuestros cuerpos alivió en parte esa tortura de pasión que nos atacó, y procedimos a continuar nuestro baño erótico, descubriendo con más calma cada parte de nuestros cuerpos.</p>
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		<title>Dreaming in the Dark</title>
		<link>http://adelantemagazine.com/2010/05/dreaming-in-the-dark/</link>
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		<pubDate>Sun, 02 May 2010 01:33:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[I’m here in complete darkness and my eyes hurt trying to figure out the shape of the bodies walking by. I feel a little nervous, it is my first time in this place and I don’t know what I’m supposed to do. My best friend Jorge suggested that we should come here. He said it [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>I’m here in complete darkness and my eyes hurt trying to figure out the shape of the bodies walking by.  I feel a little nervous, it is my first time in this place and<span id="more-1753"></span> I don’t know what I’m supposed to do.  My best friend Jorge suggested that we should come here.  He said it could be fun to see all these perfectly shaped bodies parading by, showing off proudly the best they have. </p>
<p><a href="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2010/05/pinching.jpg"><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2010/05/pinching.jpg" alt="" title="pinching" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-1754" /></a>He told me I didn’t have to do anything if I didn’t want to, but I should give it a try.<br />
What he didn’t know is the fact that I had been dreaming about seeing him naked. I became obsessed with the idea when I meet him at the gym, but my hopes dropped to zero when I found out he was married.  But just when I thought the battle was lost, he confessed to me one night that he had fooled around with a guy when he attended high school, and he kind of liked it.</p>
<p>He told me he heard about this place and decided to give it a try.  Although he wanted to keep it completely private, he asked me if I wouldn’t mind going with him.  Actually, he wanted to be “protected” if someone decided to put a move on him and asked that I act like if I was his lover, so guys wouldn’t try to go any further with him. He just wanted to see what it was like to be in this place.   So there I was, trying to act cool, but instead feeling very confused, I didn’t know if I should join and be part of the action, or just watch and go nuts thinking about all the things I could do there.  </p>
<p>My heart started to accelerate when I felt a hand brushing against my right leg.  I tried to pull it off, but I didn’t want to deprive myself from the new experience.  Slowly the hand travels up and down my leg until it gets so close to my genitals.  My engorged tool jumped to the warm touch of the hand, and I decided to let him act freely, I wanted to be part of that world for one night. I wasted no time and got hold of that guy’s erection. He spread his legs to allow me free access.  Soon he stood up and placed himself between my legs and started to play with my chest, my abs, and my legs.  I placed my hands around him and took hold of his hard buns.  He pushed his body against mine, and our erected poles entangled together, sending electrical waves through my whole body. I closed my eyes and imagined that Jorge was there touching me. I had to keep my fantasy going.<br />
All of sudden I felt a leg brushing against my left leg.  But I decided to ignore this one.  I wanted to keep my dream going, and continued fantasizing that the guy embracing me was Jorge.</p>
<p>The guy on my left stayed there. He was persistent and even when I ignored him, he continued pushing his leg against mine. I felt bad not giving him attention but he didn’t seem to care.  The guy in front of me noticed that and took hold of my hand and placed it on the leg of the guy to my left. He wanted to invite him to join.  I decided to try it and to caress his leg with my hand. My mind started to play tricks on me. The guy to my left seemed to have similar characteristics to my dream man.  His legs were hard, hairy and thick, just like the legs I saw on Jorge at the gym. I let my hand explore further up and landed on a set of perfectly defined abs.  They felt cut and defined just like Jorge’s and when I touched his pectorals I went completely crazy. They were covered with a fine mat of hair that resembled those in my dreams.  This guy was definitely closer to my vision of the ‘perfect man.’</p>
<p>To my luck, I noticed a shadow moving towards the guy in front of me and in seconds, they got involved in their own world. They walked away and left me with my Jorge look-alike man. I really wanted to think it was him, but I didn’t think it was possible because Jorge was very clear about not wanting to get involve at all with anybody.  He just wanted to look, and it was obvious that this room was too dark for that purpose. My hand continued exploring until I found his hard-on. I played with it for a while, imagining what Jorge’s would be like.</p>
<p>It was perfect.  It felt so hot to my touch, uncut but the skin wasn’t covering the mushroom head, just enough to form a ripple at the base.  What made it different was that it was completely hard and curved up, making it delicious to the touch. I found my way down between his legs and my lips softly kissed the tip. It was obvious that he wanted more, but I wanted to take my time.  I buried my nose in the thick nestle of hair, trying to recognize his scent, but he only smelled clean like soap. I engulfed the whole thing while my hands continued traveling over his body. I wanted to bury my face between his legs.  I felt as if it was really him, “Jorge’ and I knew he would freak out if he knew it was me.</p>
<p>The further I got to explore the more nervous I got because everything matched Jorge’s body.  I started to go up with my tongue tracing circles around his hard abs, and my hand to his neck and on the back of his head.  When I touched his shaved head I had no more doubts. It was Jorge.  I was in shock.  My dream had finally come true and my emotions went wild. I didn’t know if I should continue.  What if he wasn’t aware it was me?<br />
Would he push me away when he found out? He made it clear one day when he told me he never fooled around with his friends.  But all this time dreaming and waiting was worth the try.</p>
<p>All my doubts disappeared when he stood up and pulled me with him. His face got right in front of mine and he kissed me fully on the lips. His kiss made me tremble with desire and it was hard to deal with the fact that he was finally mine.  But if I thought that was it, I just couldn’t believe it when he turned around and offered himself to me.  In a soft voice he told me to take it slow.  I was so glad I kept a condom with me and proceeded to put it on.  I wanted to take him at once but had to exercise great patience.</p>
<p>I started slowly going in, slowly and tried to help him become accustom to the new sensation.  Softly, I grabbed his ear lobes with my moth and teeth then I kissed the back of his neck.  The scent of his cologne turned me on even more.  My hips continued pushing in and he moved his body between my legs to let me get deeper.  I had one hand on his chest close to his heart and the other one on his rod feeling how they pulsated simultaneously. I loved the expression on his face, his mouth open breathing hard, while his hands were placed at each side of my waist to keep our bodies together.<br />
My blood was boiling, all of sudden an electrical shock went through my body when I felt the pressure between my legs grabbing hard on my shaft.  I immediately knew what was happening to him and I hurried to get to the same point to match his shocking orgasm.  His fingers dug in my buns, and I became so sensitive to his sweet torture. Out of me came all the feelings that I have had for him in these months and I wanted him to know that.</p>
<p>The sensation was overwhelming and I was speechless. I wanted to say something but no words could come out.  We separated and he stepped out to the shower area.  I stayed there just thinking about what had happened. I took a shower and when I met him in the locker room I couldn’t look directly at him, but the way he was checking me out told me that that wasn’t going to be the only time we would be together.</p>
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		<title>Mi Mejor Pieza de Arte</title>
		<link>http://adelantemagazine.com/2010/04/mi-mejor-pieza-de-arte/</link>
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		<pubDate>Fri, 02 Apr 2010 19:03:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aquella tarde como tantas otras, veía continuamente el reloj, deseando que el tiempo pasara más rápido y llegara la hora de volver a ver a Mario. Hacía días que iba a mi departamento y posaba para una de mis pinturas. Lo conocí en una de mis exhibiciones y se mostró interesado en mi trabajo. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquella tarde como tantas otras, veía continuamente el reloj, deseando que el tiempo pasara más rápido y llegara la hora de volver a ver a Mario.<span id="more-1661"></span> Hacía días que iba a mi departamento y posaba para una de mis pinturas.</p>
<p>Lo conocí en una de mis exhibiciones y se mostró interesado en mi trabajo. A mí me encantó desde un principio; así que le di más atención de lo acostumbrado.</p>
<p>Cuando le pregunté si le gustaría posar para mí, abrió los ojos asombrado; me preguntó que si estaba bromeando. Me dijo que sí le gustaría hacerlo, pues le gustaba mi trabajo.</p>
<p><a href="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2010/04/selfsations.jpg"><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2010/04/selfsations.jpg" alt="" title="selfsations" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-1662" /></a>La velada continuó y entre más conocía de Mario, más me sentía envuelto por su carisma. Su rostro se adornaba con una sonrisa que mostraba un velo de inocencia. Su mirada me tenía fascinado, y sus labios rojos y gruesos enmarcaban una fila de dientes muy blancos.</p>
<p>No cabía la menor duda, realmente quería a este muchacho para plasmar en lienzo su grácil figura.<br />
La cita quedó arreglada; le di mi dirección y él prometió que acudiría. Y así lo hizo, al otro día se presentó puntual a mi departamento.<br />
Me cautivó su ingenuidad al irse despojando de sus ropas. Para darle confianza me puse a sacar el material para la obra, e hice como que no le ponía mucha atención, pero le hacía plática continuamente para que se relajara.</p>
<p>De reojo pude notar cómo se ruborizó cuando, al quedar completamente desnudo, sufrió una repentina erección. Quiso cubrirse con las manos pero fue inútil; mientras yo parecía seguir absorto en la preparación del material, y eso le dio más confianza. Me parecía fascinante que un muchacho de su edad (me dijo que tenía 25 años) se mostrara tan tímido e inseguro, pero a la vez decidido a continuar con el proyecto.</p>
<p>Cuando llegó el momento de comenzar el dibujo, no pude ocultar mi turbación; Mario era en realidad una belleza completa. A pesar de ser bajo de estatura y delgado cada músculo en su cuerpo formaba unas líneas de definición que se me antojaba dibujar.</p>
<p>Poco a poco se fue despojando de su inhibición y comenzó a posar con soltura, mientras yo trataba de olvidarme de la atracción que me producía y me concentraba en pintar. Desde un principio me propuse evitar cualquier acercamiento con el modelo, por cuestiones profesionales, pero en este caso evitaba todo acercamiento porque me perturbaba.</p>
<p>En ocasiones Mario se daba cuenta y tomaba control de la situación. Al pasar de los días se notaba cada vez más seguro y cuando mostraba un signo de excitación ya no lo ocultaba sino más bien parecía disfrutarlo.<br />
No supe qué hacer en aquella ocasión en que cerró sus ojos y comenzó a jugar con su miembro duro, parecía olvidarse de que no estaba solo. Pasaba su lengua por los labios entreabiertos, y con descaro mostraba la fogosidad que lo envolvía. </p>
<p>Tuve que hacer esfuerzos sobrehumanos para no acercarme y tomarlo en mis brazos, aunque parecía obvio que eso era lo que él quería. En las noches, cuando él se iba me quedaba frente al lienzo y repasaba cada línea de su cuerpo, me iba a dormir con su imagen en mi mente y a media noche despertaba con el deseo de auto-complacerme  pensando en él.</p>
<p>Un cúmulo de sensaciones comenzaron a agobiarme, la obra estaba quedando perfecta pero se acercaba el momento de finalizarla y ello significaba que las visitas de Mario también cesarían.</p>
<p>Cuando esa tarde esperaba con ansia su llegada, sabía que era la última vez. Como de costumbre llegó puntual, se quitó la ropa y posó una vez más. Cuando di el último toque a mi pintura, sentí la emoción que me embarga al ver terminada mi obra. Le dije a Mario que era todo y me dispuse a pagarle por su servicio. Sin embargo él parecía no escuchar y continuaba con los ojos cerrados. Esta vez su miembro parecía más duro que de costumbre y unas gotas de miel lo cubrían haciéndolo más exquisito a la vista.</p>
<p>Sus labios murmuraban algo que no podía descifrar, hasta que escuché con asombro su plegaria.<br />
-¿Hasta cuándo vas a ignorar mi deseo? ¿Por qué aparentas no notar cuánto te deseo?</p>
<p>No podía creerlo. De pronto comencé a temblar y no supe qué hacer. No era posible seguir ignorando.</p>
<p>Me fui acercando lentamente hasta que su cuerpo desnudo me atrajo hacia él. Lo atrapé en mis brazos y tomé ansioso los labios que él me ofrecía. Todo ese caudal de sensaciones se desbordó en un flujo continuo de exacerbación y deseo. Las ropas me estorbaron y él me ayudó a quitármelas. El calor de su cuerpo me quemaba, su aliento me embriagó y su pasión me envolvió. En ese momento dejó de existir el profesional para dar paso al ser hambriento de besos y caricias.</p>
<p>Mis manos fueron bajando por su espalda hasta llegar a un par de turgentes nalgas que se contrajeron con la caricia. Las tomé con ansia y comencé a acariciarlas. Poco a poco me fui abriendo paso por ese espacio ardiente y húmedo que se abría ante la invasión.</p>
<p>Nuestros miembros erectos  cobraban vida propia con los movimientos continuos de nuestros cuerpos.</p>
<p>Al poco rato se colocó de espalda contra mí, separando sus piernas en una invitación directa al paraíso. Me apresuré a buscar un condón y colocármelo, para enseguida tomar posesión de su preciada ofrenda.</p>
<p>El calor que envolvió mi miembro al traspasar el umbral hacia su interior se extendió a todo mi cuerpo. Nuestros corazones latían al compás acelerado de nuestra respiración. Una de sus manos jugaba con su pezón, mientras la otra sacudía con intensidad su miembro, al tiempo que su cabeza descansaba sobre mi hombro izquierdo mientras que de su boca surgían gemidos de placer.</p>
<p>Mi cuerpo fue incapaz de soportar más tortura y comenzó una serie de convulsiones que acompañaron mi interminable orgasmo. La carga de electricidad que recorrió mi cuerpo se transmitió al suyo y su palpitante columna comenzó a emitir una descarga interminable de ardiente líquido. Nuestros corazones parecían salirse de nuestro pecho y nuestros cuerpos se negaban a separarse.</p>
<p>La obra resultó todo un éxito, fue la favorita de la siguiente exhibición, mientras Mario continuó siendo mi fuente de inspiración por mucho tiempo.</p>
<p>Por Eduardo Ugalde</p>
<p><strong>My Best Art Piece</strong></p>
<p>That evening, like many others, I looked anxiously at the clock wishing that time went by faster, to be able to see Mario again.  He began coming to my apartment to pose for one of my paintings.  I meet him at one of my art shows, and he looked interested on my work.  I liked him from the first time I saw him and I gave him more attention than what I usually do.</p>
<p>When I asked him if he would like to pose for me, he opened his eyes shocked.  He asked me if I were joking.  He answered that he would like to do it, because he liked my work.<br />
As the evening continued, and the more I got to know Mario, the more I felt captured by his charm.  His face had continuous smile that had a sign of innocence.  His gaze had me fascinated.  His thick and red lips framed a line of sparkling white teeth. I had no doubt that I really wanted to see this guy’s perfect figure painted on canvas.</p>
<p>We made a date.  I gave him my address and he promised to come over.  And he did.  The next day he showed-up on time at my apartment.  I was mesmerized by his shyness when he started to shed his clothes. To make him feel comfortable, I started to gather the materials for my painting and I acted like I wasn’t paying too much attention to him, but I kept the conversation going, so he could relax.  </p>
<p>From the corner of my eye I noticed how he blushed when, completely nude, he sported an erection.  He wanted to cover it with his hands, but didn’t succeed.  I got busy getting my materials ready, and that seemed to give him some confidence.  I couldn’t believe that a guy his age (he told me he was 25) still appeared shy and insecure, but he was determined to continue the project.  When I started sketching, I couldn’t hide my excitement.  Mario was a real male specimen.  He had a small frame and slim figure, but every muscle of his body showed lines of definition that I wanted to draw.  He slowly got rid of his shyness and started to pose with more freedom, while I tried to forget about my attraction towards him and I concentrated on painting.</p>
<p>From the beginning I was determined to avoid any contact with the model, for obvious professionalism.  But especially this time I had to avoid getting close to him because I really felt absorbed by his presence.  At times, Mario noticed that I started to take control. As the days went on, he showed more self-confidence, and whenever he got hard he didn’t try to hide it.  Rather, he looked like he was enjoying it.  I didn’t know what to do that day when he closed his eyes and started to play with his hard pole.  He looked as if he had forgotten that he was not alone. He passed his tongue between his lips, and he openly showed the horniness that surrounded him.  </p>
<p>I struggled to stay away from him, but he seemed to want that.  Every night, when he was gone, I stood in front of the canvas and recalled every line of his body.  Then I would go to bed and think about him, while I took care of myself.  I started to feel confused, the painting was almost completed but that also meant that Mario’s visits were about to stop too.</p>
<p>That evening while waiting anxiously for him, I knew it could be the last time. He showed up punctually as usual, took off his clothes and posed one more time. When I gave the last brushstroke to the canvas I felt happy to see my piece of art completed. I told Mario that was it, and got ready to pay for his service. But he didn’t seem to listen and continued with his eyes closed.  This time his member looked harder than usual, and some drops of honey covered it making it look exquisite.  </p>
<p>His lips whispered something that I couldn’t here, until I heard him plead:<br />
For how long you are going to ignore my desire?  Why do you act like you haven’t noticed how much I want you?  I couldn’t believe my ears. I started to shake and I didn’t know what to do. I couldn’t ignore it any longer.  I walked towards him until his naked body embraced me.  I trapped him in my arms and kiss anxiously the lips that he offered me.  All that mass of sensations suddenly emerged.  He helped me to get rid of my clothes. The heat from his body surrounded me.  His breath captivated me and his passion wrapped me.  I had to shed my professionalism and give way to the passionate being inside me.</p>
<p>My hands traveled down his spine until I reach his pair of hard buttocks that contracted to the touch. I caressed them intensely. Slowly, I started to find my way in the space hot and wet that responded to the invasion.  Our throbbing tools came to life with the continuous movements of our bodies.  He turned around and spread his legs, inviting me to visit his paradise.  I found a condom and put it on, and took possession of his loved treasure.<br />
The heat that embraced my hard meat when I invaded him rushed trough my whole body. Our heart beats emulated our agitated breathing.  One of his hands pinched his nipple, and the other one played with great intensity his member, while his head rested on my left shoulder and moans of pleasure came from his mouth.</p>
<p>My body couldn’t take the torture any longer and started a series of convulsions that came with an endless orgasm. The electric current ran through my body and hit his body. His column started to shoot a copious amount of hot juice.  Our hearts felt like they were bursting out of our chests and our bodies didn’t want to separate.  The painting ended up been a complete success.  It became the favorite at the art show, while Mario continued providing me inspiration for a long time.  </p>
<p>By Eduardo Ugalde</p>
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		<title>El Vendedor de Flores</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 07:22:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>
		<category><![CDATA[stories]]></category>

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		<description><![CDATA[Por cerca de tres meses, lo vi diariamente en la esquina, a la salida de la autopista. Me sentí atraído por él desde el primer momento. Nunca olvidaré ese día, cuando lo vi vendiendo flores; bajo un calor inusual, pues se trataba de mediados de invierno. La oscura piel de su torso desnudo brillaba ante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por cerca de tres meses, lo vi diariamente en la esquina, a la salida de la autopista. Me sentí atraído por él desde el primer momento. Nunca olvidaré ese día, cuando lo vi vendiendo flores;<span id="more-1464"></span> bajo un calor inusual, pues se trataba de mediados de invierno.</p>
<p><a href="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2010/02/Ensuenos_Feb.jpg"><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2010/02/Ensuenos_Feb.jpg" alt="" title="Ensuenos_Feb" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-1465" /></a>La oscura piel de su torso desnudo brillaba ante la intensidad del sol. Su cuerpo estaba perlado de sudor, y a pesar de estar disfrutando la escena, no pude evitar sentir lástima al verlo trabajar bajo esas condiciones; sin embargo él parecía disfrutarlo.</p>
<p>En cada oportunidad le compraba flores. Aparte de que me gustaban, más me gustaba la sonrisa en su rostro cuando le compraba algo.</p>
<p>El poseía las más finas nalgas que jamás haya visto. Entallado en esos jeans su trasero me volvía loco. Me lo imaginaba desnudo y excitado, frente a mí, con sus ojos negros mirando a los míos, y sus labios tentadoramente abiertos. Pero eso era imposible. O por lo menos eso pensaba.</p>
<p>Una tarde en particular, me sentía muy cansado después de una larga jornada de trabajo, y me apresuré para ver si todavía estaba allí; por lo menos el verlo me haría sentir mejor, aunque sólo intercambiáramos algunas palabras; pero algo me decía que compartíamos un interés mutuo aparte de nuestro<br />
origen mexicano.</p>
<p>El traía puesta una camisa blanca de algodón, abierta casi hasta la cintura mostrando su duro y lampiño pecho. Los pezones se notaban claramente a través de la delgada tela. Traía puestos unos jeans que le entallaban completamente sus duras piernas. En ocasiones robé miradas furtivas hacia él, pero esta vez lo miraba abiertamente, era imposible no hacerlo.</p>
<p>Traté de entablar conversación, pero me dijo que quería tomar un descanso y que si me interesaba acompañarlo; que estacionara mi carro en el lote cruzando la calle. Por supuesto no me resistí.</p>
<p>Me dijo que su nombre era Antonio, y sellamos el principio de una larga amistad<br />
con un apretón de manos.</p>
<p>Intenté buscar las palabras adecuadas, pero en mi interior luchaba por no dar a notar mis sentimientos, y él parecía provocarme. A momentos metía su mano entre la camisa y se acariciaba el pecho. A veces su mano rozaba “accidentalmente” el frente de sus pantalones. Cuando supo que lo miraba, suspiró, al tiempo que separaba sus piernas haciendo que su miembro se deslizara hacia una pierna donde se hacía visible.</p>
<p>“Me he dado cuenta que te gustan mucho las flores”. Dijo. “pero todavía no sé cuales son tus favoritas, rosas o claveles” “La verdad es que me gustan los alcatraces” contesté. “Pero casi nadie los vende por este rumbo”<br />
“¿De verdad? Son también mis flores favoritas. Tengo algunas sembradas en mi casa, y recién florecieron unas de color naranja y rojo brillante. ¿Te gustaría ir a verlas?<br />
Sólo atiné a decir: “por supuesto, vamos”<br />
Su rostro se iluminó y brilló con una sonrisa. Su emoción era contagiosa.<br />
“Entonces, sígueme”. Agregó.</p>
<p>Realmente me impresionó cuando lo ví subirse a una camioneta pick-up nueva; pero mi sorpresa llegó a su límite cuando llegamos a una casa de dos pisos en las afueras de la ciudad, cerca de las montañas. La fachada tenía un toque muy arquitectónico.</p>
<p>La casa estaba rodeada de un campo lleno de una variedad de flores, incluyendo rosas, crisantemos, tulipanes y, por supuesto, diferentes tipos de alcatraces, blancos, amarillos y rojo-anaranjados.</p>
<p>Él estaba lleno de sorpresas. Era el dueño de la florería localizada en el camino a su casa, pero en las tardes prefería vender sus flores en esa esquina donde le redituaba buenos ingresos. Había decidido trabajar duro para poder construir su casa y pagar la nueva camioneta. Además que le gustaba el trato directo con la gente. Todo este negocio de las flores lo había aprendido de sus padres en México.</p>
<p>Me llevó hacia la parte trasera en donde cortó unos alcatraces y me los dio. Sus ojos brillaban intensamente, yo creí que de orgullo, pero descubrí la verdadera causa cuando noté que sus ojos recorrían mi cuerpo de arriba abajo.</p>
<p>Se acercó tanto que hasta pude percibir su candente aliento en mi rostro. Su timidez desapareció. Colocó sus manos a cada lado de mi cintura y me atrajo hacia él. El contacto con su cuerpo me paralizó. Entonces me rodeó con sus brazos y juntó sus manos detrás de mi cuello. Me besó profundamente en la boca y le respondí de inmediato, introduciendo mi lengua en su boca, y después procedí a besar su cuello.</p>
<p>“Ho, Sssii” me decía.</p>
<p>Nos besamos por un rato hasta que recordé que estábamos afuera, pero me dijo que no había por qué preocuparme, que había completa privacidad donde estábamos.</p>
<p>Se quitó la camisa y rápidamente se despojó de sus pantalones. No me había equivocado cuando imaginé su cuerpo; cada músculo estaba labrado a perfección.</p>
<p>Entonces me ayudó a quitarme la ropa. Quedamos completamente desnudos en segundos. Fue allí donde perdí el control y me junté a su cuerpo desnudo y comencé a besarlo de nuevo. Mordí ligeramente el lóbulo de su oreja y deslicé mi mano por su pecho y su ombligo hasta llegar hasta su palpitante erección. Tomé entonces control de la situación.</p>
<p>Ese hombre fuerte y trabajador resultó ser un muchacho inexperto que necesitaba protección y amor, de lo cual yo tenía mucho para darle, con que sólo me permitiera conducirlo por los intrínsecos caminos del placer. Las caricias continuaron, pero me encontraba ansioso por poseer su delicioso trasero.</p>
<p>Lentamente nos acostamos sobre las flores y procedí a tomarlo enseguida.</p>
<p>“Estoy un poco nervioso”. Me dijo. </p>
<p>Sólo pude responder: “No te preocupes, seré cuidadoso, no lo tenemos que hacer si no quieres”<br />
Pero por supuesto que yo sí quería. Y discretamente me fui colocando un condón, por suerte siempre cargo uno conmigo por lo que pueda pasar.</p>
<p>Levanté sus piernas hacia mis hombros.<br />
El calor producido entre nuestros cuerpos nos mantuvo completamente<br />
lubricados. Encontré resistencia al principio, como es natural; se retorció de<br />
placer. Me mantuve quieto, sintiendo cómo sus músculos abrazaban mi carne<br />
y luego se relajaban. Empujé lentamente en una serie de inserciones cortas, cada una provocando un gemido y permitiéndome penetrarlo más.</p>
<p>Me salí casi por completo dejando sólo la punta para después atacar otra vez hasta el fondo. Sus piernas estaban abrazadas a mi cintura mientras su cintura vibraba en movimientos circulares que me permitían llegar más adentro. Me recargué sobre su pecho para poder besarlo en los labios.</p>
<p>Pude sentir cómo mi candente columna crecía en sus entrañas, y estoy seguro que él lo sintió también, porque continuaba moviéndose bajo mi cuerpo causando que soltara una abundante carga dentro de él. Mientras su miembro comenzó a pulsar entre nosotros, y gimió fuertemente pegado a mi boca, al tiempo que sentí un flujo de líquido caliente cubriendo nuestros estómagos. De pronto nos vimos envueltos en un ambiente con aroma de sexo y flores.</p>
<p>Continuamos viéndonos hasta que un día me llamó algo tarde a mi casa para avisarme que su mamá no se encontraba bien y que él tendría que regresar a México. Intercambiamos cartas, emails y llamadas telefónicas, y entonces supe que esto se había convertido en una amistad muy especial que perduraría por siempre.</p>
<p><strong>The Flower Boy</strong></p>
<p>For about three months, I had seen him everyday at the corner, right at the exit of the freeway. I got attracted to him from the very first moment. And I will never forget that hot day, unusual if we consider it was in the middle of winter, that he was selling his flowers. The dark skin on his nude torso shone under the merciless sun heat.</p>
<p>Pearls of sweat covered his body, and despite of the enjoyment I was experiencing, I couldn’t help to feel bad for him working on those conditions, but he seemed to be enjoying it instead.</p>
<p>Every time I got the chance, I would get a bouquet of flowers. Besides the fact that I like them, I really enjoyed the smile on his face every time I bought something from him.</p>
<p>He had the finest buns I’d ever seen. His jean encased butt drove me crazy. I imagined him naked, erected in front of me, his black eyes gazing into mine and his juicy lips slightly parted tempting me involuntarily. But I knew that was impossible.</p>
<p>Or at least that is what I though.</p>
<p>One particular evening, I was feeling so tired from working a long shift; but somehow I hurried to see if he was still there, at least by seeing him made me feel better, even when we could only exchange a few words; but something inside told me that there was a mutual interest that we shared besides our Mexican origin.</p>
<p>He was wearing a thin white cotton shirt, open almost to the waist, which displayed his hard, hairless chest. His dark nipples showed completely through the material.</p>
<p>He had a pair of jeans that hugged him from crotch to calves. I had been stealing glances at him, but now I really looked, it was really hard not to do it. Those clothes looked like they were specially made for him.<br />
I tried to have a quick conversation as usual, but he told me to park my car in the lot across the street, he wanted to take a break, and ask me if I didn’t mind joining him. Of course I could resist the offer, so I did as directed.</p>
<p>I learned that his name was Antonio, and we sealed the beginning of a friendship with a hard handshake.<br />
I tried finding something to talk about, but it was kind of hard not to let my feelings show, and he looked like he wanted to tease me. At times he putted his hand in his shirt and caressed his chest, or some times his hand brushed slightly against his crotch. He knew that I was looking, he sighed slightly and shifted, and his legs spread wider, allowing his member to push further down the leg of his pants, making it more visible.<br />
We started a conversation ignoring where it would take us to.</p>
<p>&#8220;So, I noticed you like flowers a lot&#8221; he said, &#8220;but I still cannot tell which ones are your favorite ones, roses or carnations&#8221;</p>
<p>&#8220;The truth is that my favorite flowers are calla lilies&#8221; I said &#8220;but no one seems to sell them around here&#8221;<br />
&#8220;Oh, really? Those are my favorites too. I had grown a lot at my place. In fact I planted some that had already bloomed and those are bright red and orange.</p>
<p>Would you like to go to my place to check them out?&#8221;</p>
<p>Mentally I shivered and almost moved but I controlled my reaction. That was music to my ears. I could only say: &#8220;Sure. Why not. Lets go&#8221;.</p>
<p>His face lit up, and his warm friendly grin shone on his face. His excitement was catching &#8220;OK. Follow me&#8221;. He added.</p>
<p>I was really surprised when he walked to a nice large pickup truck and got in. And my surprise grew bigger when we got to a two story house in the city limits, close to the mountains. The front was built with nice architectural touch. The house was surrounded by a field full of the most exquisite variety of flowers, including roses, chrysanthemums, tulips, and of course, a big variety of calla lilies, white, yellow and orange-red.</p>
<p>He was full of surprises. He owned the flower shop that we had just passed on our way to his house, but in the evenings he liked to sell flowers at that corner where he made most of his profits. He decided to work two jobs until he completed his house and finish paying the new truck. Besides, he enjoyed the direct contact with the people, he had learned all about the flower’s business from his parents, in Mexico.</p>
<p>He pulled me to the back and grabbed a bunch of calla lilies and handed them to me. His eyes sparkled intensely, it could be the pride for his flowers, but when his eyes traveled up and down my body, I discovered the cause of it.</p>
<p>He got so close until I could feel his hot breathing against my face. His shyness disappeared. He placed his hands at each side of my waist and pulled me closer. The contact with his body chilled and frightened me. Suddenly he put his arms up and clasped his big hands around the back of my head. He kissed me full in the mouth and I responded immediately. I kissed him hard, pushing my tongue into his mouth, I began kissing his neck. &#8220;Oh yeess&#8221; he sighed, and lay back.</p>
<p>We kissed and kissed until I remember that we were outside, but he told me I had nothing to worry about, the back field of his house offered complete privacy.</p>
<p>He stripped off his shirt, and quickly stepped out of his jeans. I had not been wrong in picturing his body; every muscle on his body was chiseled to perfection.</p>
<p>Then he helped me shedding off my clothes. We were completely naked in no time. I lost control of myself. I grabbed his naked body and started to kiss again. I nibbled on his ear and slid my hand down his chest and his belly until I grabbed his tool. I had complete control on the situation.</p>
<p>That hard working man turned out to be an inexperience guy that needed some love and protection, and I had plenty of both for him, if he just let me take him to the intrinsic paths of lust and passion. The foreplay continued for awhile, but I was dying to posses his delicious butt. I always have a condom with me for situations like this, and now was the perfect time to use it.</p>
<p>We slowly lay down between the flowers and I proceed to take him right away.</p>
<p>&#8220;I’m a little nervous&#8221;, he told me.<br />
I could only respond: &#8220;don’t worry, I’ll be gentle, you don’t have to take it if you<br />
don’t want to&#8221;<br />
But of course I wanted him to.</p>
<p>I raised his legs up to my shoulders. The intense heat built up between us had our bodies completely lubricated. I found some resistance first, as natural; he squirmed with delight. I held still, feeling his muscles squeezing me tightly, and then relaxing. I pushed slowly into him into a series of short stabs, each one bringing a soft groan from his mouth.</p>
<p>When I had buried my stick all the way in, his mouth opened, as he moaned and allowed me to penetrate him deeply.</p>
<p>I slid out until just the head was inside, and then slid firmly all the way in.<br />
His legs wrapped around me, while his hips wiggled to allow me to go in further.<br />
I pressed myself against his chest and kissed him hard on the lips.<br />
I could feel my hard tool growing inside him, and I’m sure he could too, because he continued squirming under me, causing me to loose a big and copious load into him.</p>
<p>Meanwhile his own member started to pulse between us, he groaned loudly into my mouth, and I felt a hot stream of liquid coating our stomachs. All of sudden we got surrounded by the intoxicating aroma of sex and flowers.</p>
<p>We continued dating until one day he called me late at night, and he told me that his mom was not doing well and he had to move back to Mexico. We had exchange letters, emails and phone calls, but I know this turned out to be a good friendship only that will last forever.</p>
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		<title>Ayudando a un Compañero con sus Estudios</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 01:01:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[La campana sonó, anunciando el final de la sesión. Todos corrieron y abandonaron el edificio. Hasta ese momento Francisco se percató que la clase transcurrió por completo y él no había captado ni una palabra. Era el primer día del nuevo semestre y él se encontraba absorto en su sueño durante toda la hora, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La campana sonó, anunciando el final de la sesión. Todos corrieron y abandonaron el edificio. Hasta ese momento Francisco se percató que la clase transcurrió por completo y <span id="more-1256"></span>él no había captado ni una palabra. Era el primer día del nuevo semestre y él se encontraba absorto en su sueño durante toda la hora, no podía creer su suerte, el muchacho que había llamado su atención se había inscrito en la misma clase.</p>
<p>Pasó toda la tarde pensando en él, y en la noche abrazó su almohada y se quedó dormido esperando que él apareciera en su sueño.</p>
<p><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2009/12/ensuenos_Dec.jpg" alt="ensuenos_Dec" title="ensuenos_Dec" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-1257" />Para el segundo día de clase, decidió poner especial cuidado en su apariencia. Se enfundó en su par de jeans favorito; le quedaban muy ajustados, pero él sabía que lucía bien en ellos, realzando su redondeado trasero y mostrando un buen paquete. Cada que se los ponía él era el centro de todas las miradas, y esperaba que ese día no fuera la excepción.</p>
<p>Cuando llegó al salón, este muchacho ya estaba sentado en la primera fila. Francisco entró y pasó frente a él; por el rabillo del ojo notó que este muchacho le dirigió una furtiva mirada a su trasero. El plan estaba funcionando.</p>
<p>Francisco se colocó en una silla a un lado de él y le dirigió una leve sonrisa. En respuesta él lo miró fijamente a los ojos y le mostró una amplia sonrisa. Pronto se enteró que su nombre era David.</p>
<p>Francisco era un chico muy inteligente, siempre primero en clase. El no quería lucir como un genio, pero notó que David lo miraba fijamente cada que Francisco contestaba una pregunta.</p>
<p>Cuando la clase terminó David se dirigió a Francisco para presentarse. La firmeza del saludo envió cargas eléctricas por su cuerpo, pero pensó que se desmayaría cuando escuchó la voz profunda y sexy de David:</p>
<p>-Hey muchacho, mucho gusto. Escucha, me encuentro en un grave aprieto, estoy a punto de ser descalificado del equipo porque no logro una calificación buena en clase. Es mi última oportunidad, si no paso, tendré que dejar el equipo y eso sería el fin de mi carrera. Noté que eres bueno con los números y me pregunto si te importaría ayudarme con la clase. Haré lo que sea por compensarte. Tú dirás.</p>
<p>Francisco hizo hasta lo imposible por ocultar sus emociones:<br />
“Hey, no hay problema, me encantará ayudarte con matemáticas; eso si tú me enseñas algunos ejercicios para desarrollar músculo, puedo ver que eres bueno en eso”</p>
<p>-Por supuesto, no tengo problema. ¿Te importaría si nos vemos después de práctica? Estaré en el gimnasio, y después podemos ir a tu depa.</p>
<p>“Trato hecho. Te veré entonces”<br />
Francisco se apresuró a llegar a su departamento y esperó por la hora de verse con David. Sus piernas temblaban cuando entró al gimnasio, pero se desilusionó cuando vio que David no estaba allí.</p>
<p>El entrenador vino y le dijo:<br />
-¿Tú eres Francisco? David me pidió que te dijera que lo veas en el sauna, se lastimó un músculo y necesitaba relajarlo.</p>
<p>Cuando Francisco entró, le tomó un poco de tiempo ajustarse al vapor en sus ojos; descubrió a David en una esquina del cuarto. Sus ojos estaban cerrados, su cuerpo cubierto en sudor, y sus fuertes brazos descansando en la pared detrás de él. Pareció no notar a Francisco; fue la oportunidad perfecta de admirar libremente su bello cuerpo. Con 6’2” de estatura y 195 libras, estaba en muy buena forma física, un pecho perfecto con sus pectorales en forma de medias lunas; unos abdominales de lavadero; piernas y brazos definidos.  Francisco quedó boquiabierto cuando notó una pieza de grandes proporciones entre las piernas de David. Se veía grande y grueso, con el tronco lleno de venas; incluso en estado de relajación la columna lucía gigante. Francisco quiso arrodillarse y adorar a ese monstruo.</p>
<p>De vez en cuando la mano de David parecía masajear su pecho y sus genitales, y su miembro parecía crecer con cada caricia.</p>
<p>El no quiso despertar a David de su revelador trance y se mantuvo allí, admirando su masculinidad. Se encontraba tan absorto en ello que no se dio cuenta que David había abierto sus ojos. Se quedó paralizado. Había sido descubierto, quiso decir algo pero no pudo, quería correr. Se sintió tan avergonzado, especialmente cuando notó que David miraba fijamente hacia la erección que se había hecho obvia.</p>
<p>-Parece que tienes un problema con un músculo tenso. Tal vez necesite algo de alivio. ¿No crees?<br />
Le costó trabajo responder. Seguía sin poder articular palabra.</p>
<p>-Hey. ¿Por qué te asustas? ¿Te parezco peligroso? Ven, déjame echarte una mano<br />
con esto, eso es lo justo,  tú estas dispuesto a ayudarme y yo te dije que haré lo que sea para pagarte.</p>
<p>Entonces lo miró a los ojos y lo acercó a su cuerpo. Colocó sus grandes y fuertes brazos alrededor y lo atrapó en un profundo y apasionado beso. Francisco no podía creer su suerte y sólo se dejó llevar. El cuerpo de David respondió inmediatamente y comenzó a excitarse. El músculo entre sus piernas comenzó a crecer a un tamaño magnificente y pronto sus erecciones apuntaban hacia uno y el otro.</p>
<p>David mostró más experiencia en materia de sexo y comenzó a explorar el cuerpo de Francisco. Besó y succionó sus pezones, mientras sus manos hurgaban por entre las piernas. Francisco casi termina cuando sintió los labios húmedos de David acariciando su palpitante miembro. Con ambas manos lo tomó por el cabello y asaltó su boca inmisericordemente. Cuando David hizo una pausa y le dijo a Francisco que quería poseerlo, no encontró resistencia alguna.</p>
<p>David comenzó a ir lentamente; sabía que si lo hacía muy rápido podría encontrar rechazo. Su carne comenzó a invadir con suavidad, pero en cuanto consideró oportuno, empujó fuertemente, haciéndolo sentir una mezcla de dolor y placer. La sensación fue sobrecogedora. Los cuerpos se trenzaron en un juego de fogosa pasión; los minutos parecieron horas y el calor se tornó insoportable.</p>
<p>Sin necesidad de tocarlo, el cuerpo de Francisco respondió primero, comenzó a sacudirse mientras sus músculos se tensaron y quedó atrapado en una serie de convulsiones que anunciaron el interminable orgasmo. Esa fue la chispa que la dinamita de David necesitaba para detonar en una cadena de explosiones que hizo que su cuerpo se separara de su mente por un instante. Quedaron exhaustos. Después de eso procedieron a bañarse y secar sus cuerpos; entonces se alejaron hacia el departamento de Francisco, aún tenían muchas cosas que aprender uno del otro.</p>
<p><strong>Helping a Classmate with his Studies</strong></p>
<p>The bell rang, that signaled the end of class.  Everyone hurried as they got up and left the room. Only then Francisco realized that the whole class had passed and he didn’t catch any of it.  It was the first session of the new semester and he kept daydreaming during the whole hour thinking of how lucky he was:  The guy who he had been checking out for a while enrolled in the same class he was in.</p>
<p>Francisco spent the rest of the afternoon thinking of the guy and at night he hugged his pillow and fell asleep hoping that he would appear in his dreams.  On the second day of class, Francisco put lots of attention on his appearance.  He put on his favorite jeans, they were very tight; but he knew that they looked good on him, enhanced his well-rounded butt while showing a good size bulge.  Every time he wore them he became the center of attention, and he wanted that day to be the same.</p>
<p>When Francisco got to class, he saw the guy sitting in the front row.  He went in and walked in front of him and from the corner of his eye he noticed the guy glanced quickly at his butt.  The plan was working.</p>
<p>He took the chair next to him and gave him a slight smile.  The guy stared back into Francisco’s eyes and flashed the biggest grin.  He soon found out his name was David.  </p>
<p>Francisco was very smart and always at the top of the class.  He didn’t want to look like a nerd, but he noticed that David would stare at him every time he answered a question.  When class ended, David introduced himself.  His firm handshake sent waves of electricity through Francisco’s body.  But when he heard David’s deep and sexy voice, Francisco felt like he was going to faint.  </p>
<p>“Hey dude.”  “It’s cool to meet you.  Listen, I’m in a lot of trouble.  They’re about to kick me off of the team because my grades are too low.  This is my last chance, if I fail this class I can’t stay on the team and that’ll be the end of my career.”  (Looking worried about that, he continued).  “I notice you are good with numbers and I was wondering if you could help me with the class.  I’ll pay you some way….you tell me.”</p>
<p>Francisco tried his best to hide what he was feeling at that moment.  “Hey, no problem.  I’d be more than happy to help you with math if you would show me some exercises to build up some muscles.  I can see you are good at that, uh?&#8221;</p>
<p>David answered, “Hell yeah.  No problem, I can do that.”  He continued, “you mind meeting me after practice?  I’ll be at the gym, and after we could go to your place.”   “Got a deal!  See you then,&#8221;</p>
<p>Francisco hurried to his apartment and waited for the time to meet David.  He trembled when he walked into the gym, but his heart sunk when he didn’t see David.  The coach walked over to him and asked, “Are you Francisco?”  “David said to meet him in the steam room.  He pulled a muscle and is in there trying to relieve the pain.”  </p>
<p>Francisco walked in and it took some time to see through the steam.  He saw David in the corner with his eyes closed tight, his body covered in sweat, and his big arms resting on the wall behind.  Francisco didn’t think David saw him so he took the opportunity to gaze freely at his beautiful body.  At 6’2&#8243; and 195 lbs. he was in pretty good shape, had a perfect chest with moon shaped pecs and tight washboard abs, defined legs and arms.  Francisco’s jaw practically hit the floor when he noticed a piece of big proportions between David’s legs.  It seemed so big and thick, with the shaft full of veins; even in a relaxed stage the column looked huge.  From time to time, David would rub his chest and crotch, and his pole appeared to be enlarging with every touch.</p>
<p>Francisco didn’t want to disrupt David from his revealing trance so he stood there, admiring his masculinity.  Francisco was so into staring at David’s beautiful piece that he didn’t realize David had open his eyes and noticed him.  He stammered; he’d definitely been caught.  Francisco didn’t say anything and his first reaction was to walk away.  He felt even more embarrassed when he realized David was looking directly at the erection he had gotten.</p>
<p>“Hey buddy,” said David.  “Looks like you have a problem there with a tensed muscle.  It may need some relief too. Uh?”  </p>
<p>Francisco struggled to respond.  Still no words could come out.</p>
<p>“Hey, you look so frightened.  Do I look that dangerous to you?  Come on.  Let me give you a hand with this…fair is fair.  You are willing to help me and I told you I’ll do anything to pay for that.”  </p>
<p>David looked into Francisco’s eyes and pulled him close to his body and then he put his big, strong arms around and trapped him into a deep and passionate kiss.  Francisco couldn’t believe what was happening and he let himself go with the flow.  David was so responsive and he became more and more aroused.  His manhood grew in a second to a magnificent size and soon they were both completely aroused.  </p>
<p>David had more experience so he started to explore Francisco’s body.  He kissed and sucked on his nipples, while his hands searched between his legs.  Francisco almost lost it when he felt David’s wet lips caressing his throbbing member.  With both hands, he grabbed a hold of his hair and assaulted his mouth with no mercy.  When David stopped and told Francisco he wanted to enter him, there was no resistance.</p>
<p>David started to go very slow at first.  He knew that if he did it quickly he could find rejection.  His pulsing rod started to invade softly, but after he determined Francisco was relaxed enough he pushed in hard, making him feel a mix of pain and pleasure.  For both of them, the sensation was overwhelming.  Their bodies became entangled in a game of lust and passion.  The minutes seemed like hours and the heat grew to unbearable levels.</p>
<p>Francisco’s body responded first, he started to tremble while his muscles contracted and he was trapped in a series of convulsions that announced the endless orgasm. That was the spark that David needed to detonate into a chain of explosions that made his body blow apart from his mind.  They were both very spent.  After that, they took a shower, toweled off their bodies and left to Francisco’s apartment.  They had so many things to learn from each other.</p>
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		<title>Pedro, un Sentimiento Verdadero</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 04:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[Recuerdo bien aquella tarde en que un grupo de amigos había organizado una fiesta sorpresa, para celebrar mis 18 años. En la recepción había de todo; la buena música no podía faltar. Y esa tarde sucedió algo que significaría un gran cambio en mi vida. Hasta ese momento no me había dado cuenta de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recuerdo bien aquella tarde en que un grupo de amigos había organizado una fiesta sorpresa, para celebrar mis 18 años. En la recepción había de todo; la buena música no podía faltar. Y esa tarde sucedió algo que significaría un gran cambio en mi vida.<span id="more-1170"></span></p>
<p><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2009/11/ensuenos1.jpg" alt="ensuenos1" title="ensuenos1" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-1171" />Hasta ese momento no me había dado cuenta de la posibilidad de tener alguna inclinación hacia alguien de mi mismo sexo. Si bien alguna vez lo había pensado nunca le había puesto atención al asunto. En ese entonces gozaba de popularidad hacia el sexo opuesto y me consideraba sexualmente activo.<br />
Cuando me presentaron a Pedro, sentí algo diferente al estrechar su mano. No podría explicar pero hubo algo en ese contacto que me hizo estremecer repentinamente, mas no le quise dar importancia.</p>
<p>La fiesta continuó hasta altas horas de la noche, pero en más de una ocasión me descubrí con la mirada fija en Pedro y él parecía no darse cuenta, aunque me emocionaba el hecho de que cuando hablaba conmigo sonreía abiertamente y su boca de gruesos labios se iluminaba con la blancura de sus dientes. Todo me gustaba de él, sus gestos, sus ademanes tan masculinos, su forma de bailar y sobre todo cuando se acercaba a hablar conmigo me contagiaba con su espíritu jovial y abierto.</p>
<p>Pronto me di cuenta que había tantas cosas que nos identificaban. A los dos nos gustaba el deporte, principalmente nadar, correr y el gimnasio, y eso nos mantenía en buena forma, solo que él parecía llevarme ventaja pues la naturaleza lo había dotado con un cuerpo alto de más de 6 pies, un rostro de mirada profunda, nariz perfecta enmarcada por unos pómulos que resaltaban su herencia latina. Cuando dieron las 4 de la mañana ya casi todos se habían marchado. Pedro fue de los últimos en irse y cuando llegó el momento de la despedida sentí temor. Algo en mi interior me decía que quería volver a verlo. Para fortuna, él tenía los mismos planes así que intercambiamos teléfonos y quedamos de vernos unos días después.</p>
<p>Él estudiaba la carrera de Contabilidad y Administración de Empresas en el Instituto Politécnico Nacional de la Ciudad de México, pero los fines de semana y en las vacaciones regresaba a Pachuca, a casa de sus padres.<br />
Yo, en cambio, recién había comenzado mis clases en la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma de Hidalgo, y fue allí donde empezó a buscarme. Apenas finalizaba la segunda clase de la mañana y ya estaba en la esquina esperándome. Después  nos íbamos al Centro Deportivo Universitario donde nadábamos un rato.<br />
Fue allí donde por primera vez pude admirar su cuerpo completamente desnudo bajo la regadera.</p>
<p>Más de una ocasión me sorprendí admirando su cuerpo; supuse que era normal pues había escuchado aquello de que todo hombre, por muy masculino que se considere siempre gusta de ver a otros para la consabida comparación; sin embargo no podía negar que había algo más que curiosidad de hombre.<br />
Aquella mañana habíamos hecho más ejercicio de lo acostumbrado, después de nadar por un buen rato, nos fuimos a correr y acabamos en el gimnasio. No cabía duda que cada día admiraba más a Pedro. Sin siquiera saberlo se estaba volviendo indispensable en mi vida.</p>
<p>Cuando llegó el momento de entrar a las regaderas me sentí incómodo: debido a las continuas descargas de adrenalina al hacer ejercicio, y la actividad hormonal propia de la juventud me vi de pronto con una erección evidente muy difícil de ocultar y no supe qué pretexto inventar para no tener que bañarme frente a él. Pero no hubo excusa válida y con un esfuerzo sobrehumano me quité rápidamente la ropa y me metí bajo el chorro de agua fría. Cuando tuve el valor de voltear a donde estaba Pedro me sentí vulnerable ante su mirada; era obvio que se había dado cuenta de lo que me pasaba y parecía disfrutar de mi turbación, mientras yo hubiera preferido alejarme de inmediato, pero me contuve al descubrir que como si le hubiese transmitido mi excitación algo por allá abajo comenzaba a crecer, pero más me llamó la atención el tamaño que estaba adquiriendo su miembro. Para entonces no recordaba haber visto otra erección más que la mía y me pareció interesante poder apreciar otro ángulo.</p>
<p>Nos quedamos sin palabras, parecía que nuestros cuerpos se comunicaban y así, al compás de la caída del agua al golpear el piso, nos vimos envueltos en un trance y nos dejamos llevar por nuestros cuerpos. Con el jabón en las manos comencé a recorrer mi cuerpo de arriba abajo, poniendo especial interés en la zona erógena. Pedro por su parte hacía lo mismo, imitando mis movimientos. Nuestros miembros permanecían rígidos y saltaban a cada roce de nuestras manos.</p>
<p>Comencé a temblar, no sabía si de gusto o de temor, sin embargo seguí prodigando caricias a mi cuerpo, con la ayuda del jabón para hacerlo parecer casual. Cuando él comenzó a jugar con sus pezones, yo hice lo mismo, pero mi vista regresaba una y otra vez a esa candente columna entre sus piernas. No supe por qué me asaltó la idea de tocarlo, pero me contuve; entonces apreté con fuerza mi miembro y cínicamente comencé a jalarlo. Ya no había vuelta de hoja, quizás estaba arriesgando demasiado pero mi calentura era más fuerte. Me animó el hecho de que Pedro seguía todos mis movimientos y también aprisionaba en sus manos su mástil de hierro que parecía crecer a cada apretón que le daba.</p>
<p>Extasiado contemplaba la belleza de su pene, rígido, poco más oscuro que el resto de su cuerpo, recubierto apenas por un prepucio que resbalaba con cada caricia y descubría una palpitante cabeza en forma de hongo que se notaba a punto de explotar. El tronco adornado por venas que recorrían desde la punta hasta la base, y como marco por encima un nido de abundante y fino vello, y por debajo dos cuerpos ovalados encerrados en una bolsa de piel sedosa que se antojaba palpar. Nuestros movimientos se tornaron rápidos y agresivos. Los músculos de mi cuerpo se tensaron al máximo, pero hice un esfuerzo por esperar para llegar juntos al orgasmo, y así sucedió. Un gemido apenas audible que brotó de la garganta de Pedro fue la señal que esperaba para dejarme llevar y en medio de espasmos continuos sentí como de mi interior brotó una descarga de lava caliente acompañada de un calor intenso que recorrió todo mi cuerpo, al tiempo que veía como un chorro de ese líquido se entrecruzó con la descarga producto de la erupción que Pedro experimentaba.</p>
<p>Al cabo de unos minutos bajo el agua de la regadera regresamos a la realidad de forma abrupta; con gran nerviosismo procedimos a secarnos y vestirnos inmediatamente. No atinamos a decir palabra alguna y nos despedimos con la promesa de vernos al siguiente día.</p>
<p>El resto de la tarde me sentía confundido pensando en lo que había pasado, sin poder concentrarme en la clase. Al caer la noche me apresuré a llegar a mi casa y me encerré en mi cuarto. Me quedé dormido abrazado a mi almohada, no quise pensar mucho en lo acontecido pero ya estaba sembrada la semilla de la duda y pronto viviría otras situaciones igual de exitantes.</p>
<p><strong>Pedro, a True Emotion</strong></p>
<p>I clearly recall that evening when a group of friends organized a surprise party to celebrate my 18 birthday. They have everything in the reunion, including good music, food and drinks. But something happened that day that represented a big change in my life.</p>
<p>Until then I never really thought of the possibility of being attracted to someone of my same sex. Or at least I never gave any attention to the subject. At the time I was very popular between the opposite sex, considered sexually active.</p>
<p>When I first meet Pedro, I felt something different when I shake his hand. I couldn’t explain why, but there was something in that contact that make feel nervous, but didn’t want to think about it too much.</p>
<p>The party lasted until very late that night, and I caught myself gazing continuously at Pedro, and he didn’t seem to be interested, but I was attracted to his big smile every time he talked.</p>
<p>I liked everything about him, his gestures, his very masculine movements, the way he danced, and every time he came to talk to me he make me feel as enthusiastic and happy as him.</p>
<p>I found out we had a lot things in common. We both liked sports, specially swimming, jogging, and the gym, and we were both in good shape, but he was well over six foot, with the ideal built, piercing eyes, perfect nose enhanced by prominent cheek bones product of his Latin genes.</p>
<p>Almost everyone was gone by 4 am, and when Pedro decide to leave, I was afraid that will be the last time I saw him, but didn’t happen, he asked for my number and gave me his.</p>
<p>He was taking Business Administration classes at the Instituto Politecnico Nacional in Mexico City, but on the weekends and during vacations he went back to his parents house in Pachuca, Hidalgo.</p>
<p>I had just started Human Medicine at the Universidad Autonoma de Hidalgo, and that’s were he went to look for me. Right after the second morning class he will be at the corner of the building waiting for me. Then we will go to the Centro Deportivo Universitario (Sports Center) where we did some swimming.</p>
<p>That’s where I saw for the first time his naked body under the shower. In more than one occasion I caught myself admiring his body, but I thought it was natural, since I had hear that all men are curious about someone else’s size; but I knew that mine was something else besides what’s call penis envy.</p>
<p>That morning we did some extra work out, after doing some laps at the pool, we did some jogging and ended up in the gym. I started to get used to Pedro and secretly admiring him. When it was time to hit the showers I felt embarrassed, due the hard work out and the hormonal activity inherent to being young I had an erection impossible to hide, and my first thought was not to take a shower, but couldn’t find any valid excuse, so I took my clothes off and ran under the shower hoping the cold water will get me relaxed. When I turned around, I discover that Pedro noticed my hard-on and seemed to like it. My first reaction was to run, but I stopped when I noticed something growing between his legs, but what caught my attention was the size that the column was getting. That was the first time I saw another male’s member besides mine.</p>
<p>We were speechless, our bodies were telling what our words couldn’t, and drawn in by the noise of the water hitting the floor, we let our sensations take over our bodies. I had the soap on my hands and applied a lather on my body giving more attention to the erogenous zone. Pedro followed my example touching himself. Our shafts were rock hard and jumped to the touch of our hands.</p>
<p>I started trembling, and continue caressing my body, using the soap as an excuse. When he started to pinch his nipples, I did the same, but my eyes kept staring at that fleshy tool. I wanted to touch it, but controlled myself, then I squeezed my engorged rod and started to pull it. There were no more doubts about it, I was putting our friendship on risk but my horniness was taking over. To my delight Pedro kept following every move I made and took hold of his pole too, that had grown to the maximum, almost about to explode.</p>
<p>I was in ecstasy staring at his penis, hard, slightly darker than the rest of his body, covered with a foreskin that pull back with every stroke, unveiling an engorged mushroom shaped head. The shaft was enhanced by the veins traveling along from the tip to the base; a very thick nest of pubic hair and two egg shaped balls wrapped by silky skin that invited to the touch. Our moves starter to accelerate. The muscles of our bodies become rigid, and I tried my best to hold it so we both can reach the climax together, and it happened.</p>
<p>A low moan escaped from his throat and that was the signal I was waiting for, to let myself go. Trapped in continuous spasms I felt how from my insides a big load of hot lava started to flow copiously, crossing the path that his own load was taking.</p>
<p>After a few minutes under the water we abruptly came back to reality; nervously we proceed to dry off and got dressed immediately. We couldn’t say a word, and left with the promises of meet the day after.</p>
<p>I spent the rest of the evening confused, thinking of what just had happened, unable to concentrate on the rest of my evening classes. When I got home that night I went straight to my room. I fall asleep hugging my pillow, didn’t want to think too much about it but started to have some doubts.<br />
Soon after, we got involved in other hot situations.</p>
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		<title>Ataque Inesperado</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Oct 2009 21:05:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[El timbre de la puerta sonó. Me apresuré a abrir, el corazón me latía acelerado; seguramente era Miguel, que se acordó de mi cumpleaños y había venido a invitarme a almorzar. Tomé unos segundos para acomodarme los jeans que tanto le gustaba verme puestos; “aunque a mí me gusta más cuando me los quita”, pensé. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El timbre de la puerta sonó. Me apresuré a abrir, el corazón me latía acelerado; seguramente era Miguel, que se acordó de mi cumpleaños y había venido a invitarme a almorzar.<span id="more-1037"></span></p>
<p><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2009/10/ensuenos_oct.jpg" alt="ensuenos_oct" title="ensuenos_oct" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-1038" /><br />
Tomé unos segundos para acomodarme los jeans que tanto le gustaba verme puestos; “aunque a mí me gusta más cuando me los quita”, pensé. Eché una última mirada al espejo. Noté que el elástico del jockstrap se marcaba por debajo de los ceñidos pantalones.</p>
<p>A Miguel le encendía verme con jockstrap. Me decía siempre al oído: “cabrón, me gusta cómo se te marcan las nalgas desnudas bajo el pantalón. Me pones bien cachondo”.</p>
<p>No me puse playera, me gustaba siempre recibirlo semidesnudo, casi listo para la acción.</p>
<p>Respiré profundo y abrí la puerta mostrando la mejor de mis sonrisas.</p>
<p>Sin embargo todo cambió de improviso. No bien había abierto cuando alguien desde afuera empujó con fuerza haciéndome perder el equilibrio.</p>
<p>Alcancé a ver a tres hombres enmascarados. Uno de ellos, el más fornido, me tomó por las muñecas y me hizo señas que no gritara. Mi primer impulso al verme inmovilizado de las manos fue atacar con los pies, pero para entonces el segundo individuo se colocaba detrás de mí y me abrazaba por la cintura jalándome hacia él para evitar que mis patadas alcanzaran su objetivo.</p>
<p>Era increíble la fuerza con la que me sostenían. En un dos por tres me habían inmovilizado por completo. Más me sorprendió cuando sin aparente esfuerzo me cargaron y me llevaron hasta el garage de la casa. Para entonces el miedo me tenía paralizado. Quise gritar pero sólo pude decir unas cuantas palabras. Les pregunté qué querían de mí; les dije que no tenía dinero, pero ellos sólo se limitaron a reír, haciendo que mi miedo aumentara.</p>
<p>Me sorprendió que el tercer hombre, que hasta ese momento no había hecho nada, se acercara a la caja de herramientas, como si estuviera familiarizado con el lugar, y sacara unas cadenas. Fue hasta donde estaba una columna de metal que era parte de la estructura del techo, y de allí las colgó.</p>
<p>Después el hombre fuerte me levantó y me llevó hasta ese rincón. En unos segundos quedé con los brazos levantados encadenado al techo.</p>
<p>Seguía sin entender lo que estaba pasando. El terror se apoderó de mi cuerpo. Comencé a temblar incontrolablemente y sentí una lágrima correr por mi mejilla.</p>
<p>Les rogaba que me soltaran, pero ellos seguían sin pronunciar palabra. Les hice una y mil preguntas sin lograr respuesta alguna.</p>
<p>Para acallar mis lamentos uno de ellos tomó un trozo de tela y me lo amarró alrededor del cuello tapando mi boca. En segundos otro pedazo de tela me privaba de la posibilidad de ver.</p>
<p>Todo quedó en completo silencio, sólo se escuchaban de vez en cuando el ruido de las cadenas que me aprisionaban. Me encontraba aterrado, mi confusión no tenía límite. Por un momento pensé que podía tratarse de una venganza, pero deseché la idea en seguida pues con nadie tenía deudas pendientes.</p>
<p>La oscuridad y el silencio a mi alrededor comenzaron a hacer mella en mi capacidad de resistencia y control. Fue entonces cuando volví a sentir los brazos fuertes que se afianzaban a mi cintura mientras unas manos comenzaban a desabotonar mi pantalón; fui también despojado de mis botas y mis calcetas.</p>
<p>Comencé a tirar patadas de desesperación, colgando todo mi peso en las cadenas que aprisionaban mis brazos, pero el hombretón que me tenía atrapado por la cintura pasó sus brazos hasta mi abdomen pegando mi cuerpo contra el suyo.</p>
<p>Tendría que haber sido inmune al contacto de otro cuerpo para no sentirme turbado con el abrazo de este mastodonte. Me asaltaron sentimientos encontrados; el abrazo candente de ese cuerpo parecía excitarme más que el miedo que éste me producía. Sin saber porqué me sentía más protegido que amenazado en medio de esa masa muscular que me envolvía.</p>
<p>Me sorprendió sentir que mi miedo iba desapareciendo. Una ligera corriente de aire me hizo percatar que ya había sido despojado de mis pantalones. Lo único que me quedaba era el jockstrap que cubría sólo la parte frontal de mis genitales dejando al aire mis desnudos glúteos.</p>
<p>Increíblemente mi cuerpo continuaba relajándose; a pesar de mi desnudez, me sentía envuelto por un calor sofocante. Mi respiración, por el contrario, se tornaba agitada; sentí alivio cuando uno de mis captores me quitó la tela que cubría mi boca. Inhalé profundamente.</p>
<p>De pronto sentí el asalto súbito de una boca sobre mi pecho. Me estremecí cuando unos dientes se cerraron alrededor de mi pezón. La sorpresa y el repentino dolor hicieron que me agitara bajo las cadenas.</p>
<p>Después todo retornó al completo silencio, mientras mi pezón seguía punzando por el ataque; fue entonces cuando sentí que mi otro pezón era atacado inmisericordemente por una serie de besos y pequeños mordiscos que fueron elevando su intensidad hasta que el dolor volvió a sacudirme; entonces la caricia fue interrumpida otra vez.</p>
<p>Alguien por atrás comenzó a separar mis piernas sin que yo pusiera resistencia. Sentí el aliento quemante de una boca que soplaba ligeramente sobre mis nalgas. Después pude distinguir la humedad de su lengua que comenzaba a abrirse paso entre mis glúteos.</p>
<p>Con ansia incontenida recibí la caricia; mi cuerpo temblaba incontrolable y esta vez sabía que no era de miedo. Los brazos fuertes me envolvieron otra vez, pero en esta ocasión por enfrente. Para sorpresa descubrí que este hombre se había desnudado y pude sentir su cuerpo musculoso acariciar mi piel. Su daga completamente engrosada trataba de abrirse paso entre mis piernas por debajo de mis testículos. Pude incluso apreciar las medidas exageradas en longitud y grosor de ese miembro. Entre la bruma de la excitación y la incertidumbre se me ocurrió preguntarle quién era, pero mis labios recibieron por respuesta un beso largo y apasionado. Intenté reconocerlo, pero no recordaba haber sido besado antes con tanto fuego y vehemencia.</p>
<p>Saboreaba con lujuria esos besos cuando me percaté que alguien se colocaba entre nuestros cuerpos. Sentí la calidez de una boca que trataba de abrirse paso entre la tela de mi jockstrap para hacer contacto con mi engrosado falo que, perdido en los confines de la rasposa tela, destilaba el elíxir de la virilidad. Luego noté que la ávida lengua hacía contacto directo con la cabeza de mi erección.</p>
<p>Sin necesidad de despojarme de esta única prenda, sentí que mi miembro y mis testículos eran expuestos hacia el lado izquierdo. En segundos  mi miembro era enterrado en los confines de una cavidad húmeda y quemante. Sentí cuando la punta se incrustaba hasta adentro haciendo contacto con la garganta del atacante. Comencé a gemir de placer.</p>
<p>La lengua del otro individuo seguía concentrada en su labor entre mis glúteos; la experiencia del beso negro me iba llevando al borde de la locura, mientras el grupo de seis manos me recorrían sin dejar rincón sin explorar. Jamás imaginé que mi cuerpo estuviese cubierto por tantas zonas erógenas.</p>
<p>Mi piel se fue perlando por el sudor. Los continuos estremecimientos parecían llenarme de energía, aunque mi cuerpo se contorsionaba con dificultad atrapado entre los tres atacantes; ya no me importaba quiénes eran sino la destreza con que realizaban su faena.</p>
<p>Las caricias sobre mi cuerpo fueron aumentando su intensidad a medida que pasaban los minutos. Cada fibra de mi ser era sacudida por descargas continuas de adrenalina.</p>
<p>Una vez más hicieron una pausa, podía escuchar los movimientos de sus cuerpos al irse despojando los otros dos de sus ropas; en segundos sentí el abrazo al unísono de tres cuerpos fogosos que se adhirieron a mí y comenzaron a friccionar sus engrosados puntales sobre mi cuerpo. Por enfrente uno de ellos tomó mi miembro y el de él entre su mano y comenzó a jalar de arriba abajo, mientras el segundo golpeaba mi glúteo derecho con su miembro erguido. El tercero hurgaba con su daga el área entre mis turgentes nalgas. Pude reconocer a este tercero como el hombre musculoso que segundos antes me había hecho temblar con sus besos ardientes. No podía definir cuál me gustaba más, pues cada uno parecía dispuesto a dar lo mejor de sí en su tarea asignada.</p>
<p>Mi sudor se estaba mezclando con el de ellos, que se hallaban completamente mojados facilitando la fricción ardiente de nuestros cuerpos. Una punzada en mi trasero me hizo enfocar mi atención al falo grande y grueso que buscaba abrirse paso a mis entrañas; a pesar de querer sentirlo dentro no podía dejarme llevar por mis instintos; pero el grupo lo tenía todo bajo control pues escuché que aquél se estaba colocando un condón.</p>
<p>En segundos sentí la punta de aquella masa de carne tratando de penetrarme con arrebato. Un dolor agudo me hizo gritar involuntariamente, hice un movimiento brusco para tratar de liberarme de la abrupta penetración pero los tres hombres me lo impidieron. Para evitar que me zafara aquel hombre me envolvió con sus brazos mientras los otros dos continuaron acariciándome hasta lograr que mis músculos se fueron relajando otra vez.</p>
<p>Uno de ellos buscó mi boca y se pegó a mis labios, succionando con fuerza. El otro se agachó frente a mí, bajó el elástico de mi suspensorio hasta liberar mi miembro, que comenzó a chupar con pasión desbordante. Justo en eso volví a sentir presión en mi trasero; esta vez el intruso se fue dando cabida hasta internarse en lo más profundo; una vez dentro, comenzó a moverse con arremetidas profundas y prolongadas que sólo lograban exacerbar mis sentidos. Fue tanta la pasión que me consumía que mordí con fuerza los labios del que me estaba besando produciéndole un dolor que pareció encenderlo más, atacando con furia mis carnosos labios.</p>
<p>Mi cuerpo se convulsionaba ante la magnitud de mi excitación. Tomando impulso con mis manos encadenadas lancé mis piernas hacia atrás hasta que mis pies quedaron enganchados a las pantorrillas del que me penetraba, mientras que el que me daba sexo oral no se desprendía ni un segundo de mi palpitante erección. Bastaron unas cuantas arremetidas por ambos lados para que en cuestión de segundos me viera atacado por una serie de convulsiones que zarandearon todo mi cuerpo. En ese momento mi miembro fue liberado y comenzó a expeler su carga viscosa en una serie de disparos continuos que eran acompañados por estremecimientos. Un grito agonizante surgió de mi garganta y los espasmos de mi cuerpo parecían no ceder. </p>
<p>De pronto sentí el dolor que me producían las uñas de unos dedos que se clavaron a los costados de mi cintura; en eso noté que el miembro rígido clavado en mi trasero alcanzaba su máximo grosor, las piernas de mi atacante comenzaron a temblar y una fuerte sacudida me confirmó que él también había alcanzado la cumbre del orgasmo. Los tremores violentos que envolvieron su cuerpo obligaban al mío a volverse a estremecer. Una y otra vez mi cuerpo que aún colgaba encadenado recibía gustoso las descargas de adrenalina pura que me habían llevado al borde de la locura. Todo mi ser aguantó estoicamente la arremetida de la tormenta hasta que poco a poco fue perdiendo fuerza. Sólo se escuchaba el respirar agitado de aquel que trataba de recuperar el aliento.</p>
<p>Pasados unos minutos, cuando finalmente nuestras respiraciones volvieron a la normalidad, sentí que era liberado de las cadenas que me aprisionaban. Después fui levantado por un par de musculosos brazos que me condujeron a mi habitación y me depositaron en la cama. Esperé unos instantes; otra vez reinaba el silencio. Me quité la venda de los ojos y descubrí que me encontraba solo. A un lado de mi cama, sobre la mesa de noche estaba una flor con una tarjeta. Era de Miguel; en ella me decía: “Feliz Cumpleaños. Espero que hayas disfrutado tu regalo. Descansa y sueña, que yo pasaré a recogerte en la noche”</p>
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		<title>El Nuevo Contrato</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 20:53:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensueños]]></category>

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		<description><![CDATA[El servicio de Internet se hacía cada vez más lento. Ni las continuas llamadas a la línea de asistencia al cliente ayudaban a mejorar el servicio. Fue entonces cuando decidí firmar el contrato con una nueva compañía. Me dieron la cita para el lunes a las 8 de la mañana, pero no pensé que llegarían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El servicio de Internet se hacía cada vez más lento. Ni las continuas llamadas a la línea de asistencia al cliente ayudaban a mejorar el servicio. Fue entonces cuando decidí firmar el contrato con una nueva compañía.<span id="more-907"></span> Me dieron la cita para el lunes a las 8 de la mañana, pero no pensé que llegarían a las 7:30, justo cuando me disponía a tomar un baño.</p>
<p><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2009/09/ensuenos_sep.jpg" alt="ensuenos_sep" title="ensuenos_sep" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-908" />Tomé una toalla, me la enredé a la cintura y salí a abrir. El técnico que fue a conectar el servicio era un muchacho de unos 23 ó 24 años, latino, de estatura mediana y cuerpo robusto y musculoso. Su cabello lacio y grueso lucía despeinado y le daba un aspecto más juvenil. Sonreía al hablar mientras me daba los pormenores de la instalación.</p>
<p>Llevaba su uniforme tan entallado que resaltaba todas las formas de su anatomía. Los botones de su camisa parecían ceder ante la presión de sus pectorales. Lucía un poco llenito en la parte del abdomen haciéndolo más atractivo a mi gusto.</p>
<p>En su camisa traía bordado su nombre: Adrián. El teléfono celular lo llevaba colgado del cinturón junto con algunas herramientas y sus llaves. En el bolsillo de su pantalón parecía haber espacio sólo para su cartera en la parte de atrás, abultándole más su ya de por sí prominente trasero.</p>
<p>Las bolsas del frente del pantalón parecía llevarlas vacías y sólo se notaba la protuberancia de su abultado paquete, incluso pude observar que su miembro se delineaba ligeramente hacia el lado derecho.</p>
<p>Detuve la puerta para que entrara y le indiqué dónde estaba la computadora. Le dije que lo iba a dejar solo un momento mientras me bañaba. Noté que su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo antes de entrar a hacer su labor.<br />
Arrastraba los pies como si le pesaran las botas de trabajo y balanceaba su cuerpo al caminar dándole un aire de virilidad que parecía brotar de cada poro de su cuerpo.</p>
<p>Me metí al baño y a propósito dejé la puerta entreabierta. Desde allí podía ver su imagen reflejada en el espejo de la recámara. Se agachó junto al escritorio mostrando su trasero en todo su esplendor. Me di cuenta que bajo el pantalón llevaba puesto un suspensorio azul marino que hacía juego con su uniforme y enmarcaba la redondez de sus nalgas. Parecía saber que lo estaba observando pues se agachó un poco más mostrando más de su piel desnuda y noté que contraía sus glúteos en un par de ocasiones.</p>
<p>Le eché un último vistazo antes de meterme bajo la ducha y cerrar la puerta de vidrio. Dejé que el agua fría recorriera mi cuerpo tratando de aliviar un poco la excitación que sentía. A través de la cortina de vapor que empañaba la puerta me pareció sentir la mirada de Adrián. Me tomé un tiempo enjabonando mi cuerpo poniendo especial atención en mi área genital, de donde surgía palpitante mi columna engrosada. Cerré los ojos y lo imaginé allí junto a mí, disfrutando juntos de una sesión maratónica de juegos y caricias, lo veía incluso parado contra la pared, con las piernas abiertas ofreciéndome su delicioso trasero y restregándose contra mi cuerpo mientras me pedía que lo poseyera.</p>
<p>La voz varonil de Adrián me volvió abruptamente a la realidad. Me dijo que ya había terminado la instalación y que esperaría para darme algunas instrucciones.</p>
<p>Enseguida cerré la llave del agua, tomé la toalla y me sequé;  recorrí la puerta de vidrio y miré a través del espejo pero no encontré a Adrián, supuse que tal vez estaría en la sala.</p>
<p>Al salir del cuarto del baño y entrar a mi recámara sentí un flujo de sangre caliente recorrer de golpe todo mi cuerpo. Allí, sobre las blancas sábanas de mi cama yacía Adrián tendido boca abajo; se había quitado la ropa dejándose sólo el suspensorio, los elásticos de éste le abultaban aún más sus nalgas seductoras.</p>
<p>Sin pérdida de tiempo me abalanzo sobre él. Lo atrapo entre mis brazos mientras beso su espalda y cuello. Me subo sobre él y jalo su rostro ligeramente para poder acariciar sus labios con mi boca. Lo beso con pasión desbordante mientras su cuerpo se estremece bajo el mío.</p>
<p>Le doy la vuelta para poder besar su pecho, su abdomen y llegar hasta su área genital. Inhalo el aroma viril de su miembro a través de la tela del suspensorio. Lo beso por encima de ésta y con la lengua me voy abriendo paso hasta que mis labios hacen contacto con la sedosa piel de su prepucio; la atrapo con los dientes y voy alternando mis caricias entre pequeños mordiscos y lamidas apasionadas, después le voy bajando el suspensorio poco a poco y contemplo embelezado la perfección de su miembro; impulsado por el deseo incontenible me lo introduzco en la boca hasta que su vello púbico me hace cosquillas en la nariz.</p>
<p>Saboreo extasiado el agridulce néctar que brota de su columna. Mi mano juega con sus testículos mientras le prodigo sexo oral. Su cuerpo se contorsiona por el placer que lo consume.</p>
<p>En mi entrepierna siento el deseo incontenible de enterrarme en sus entrañas. Lo quiero poseer sin pérdida de tiempo. Me toma apenas unos segundos sacar un condón de la mesita de noche y colocármelo. Elevo sus piernas y las coloco en mis hombros. De su miembro emana incontenible el líquido de su virilidad. Le pongo apenas la punta de mi miembro a la entrada de su trasero y siento cómo se contrae. El gesto en su rostro muestra el dolor que está sintiendo; baja sus piernas para tomar un poco el control de la situación. Hago una pausa para permitir que se acostumbre al objeto en sus entrañas. El placer que comienza a reflejarse en su rostro es la señal que necesito para seguir avanzando.</p>
<p>Me fascina observar sus piernas alrededor de mi cintura mientras noto cómo mi estaca se clava en su trasero. Su miembro continúa expeliendo el viscoso líquido que se deposita en su ombligo.</p>
<p>Comienzo a moverme con arrebato, entre más le meto, más me pide. Mis movimientos se van acelerando, la pasión que envuelve a nuestros cuerpos comienza a hacer mella a medida que pasan los minutos. Quiero tenerlo así por una eternidad, pero el hambre que tiene su cuerpo demanda ser poseído sin misericordia.<br />
Puedo ver claramente su rostro, y el gesto de infinito placer que lo está envolviendo y lo va llevando poco a poco hasta el más arrasante y estremecedor orgasmo.</p>
<p>Sin siquiera tocarlo, su miembro salta incontrolable, como si las terminaciones nerviosas de mi puntal estuviesen conectadas al suyo, haciéndolo palpitar con cada arremetida que le propino.</p>
<p>Le pido que se lo sacuda con una mano pero es tanta la excitación que dice sentir que prefiere no hacer contacto directo con su erección o de lo contrario explotaría apenas él pusiera sus dedos sobre la sedosa piel.<br />
Por debajo de sus testículos puedo incluso ver las contracciones entre sus glúteos al tiempo que siento cómo las candentes paredes que aprisionan mi columna abrazan cada vez con más ímpetu.</p>
<p>Su cuerpo se retuerce sobre la cama y sus piernas aprietan con más fuerza mi cintura. Apoyando sus brazos y su espalda  sobre la cama eleva su trasero contrayendo los músculos de su esfínter. Su cuerpo danza con tal intensidad que va menoscabando mis fuerzas interiores.</p>
<p>Estoy a punto de rendirme y descargar la lava ardiente que hierve en mis testículos.<br />
Le meto las manos a ambos lados de la cintura y aprieto sus turgentes nalgas tratando de evitar que se siga moviendo. Sin embargo él continúa sacudiendo su trasero contra mi cuerpo.</p>
<p>Toma una de mis manos y la coloca sobre su pecho. Me pide que le pellizque fuerte su pezón mientras se la meto con fuerza bruta. Me calienta sobremanera el hambre que tiene de mí, la necesidad de ser poseído sin ningún miramiento. Entre más violentos se vuelven mis ataques, más profundos son los gemidos que surgen de su garganta. No hay duda que somos el complemento perfecto. Gozo viéndolo gozar; me pide más y yo se lo doy.</p>
<p>Sus piernas siguen aferradas a mi cuerpo. Los movimientos giratorios de su cintura me llevan al borde del paroxismo. Comienzo a sentir agotamiento; lo tomo por las piernas y las elevo hasta mis hombros. Me recargo sobre su cuerpo y como puedo me abro paso hasta poder tocar sus pezones con mi boca. Muerdo ligeramente uno y luego salto al otro, mientras mi daga sigue clavándose una y otra vez.</p>
<p>Abre los ojos por un instante para observar cómo lo acaricio. Después los vuelve a cerrar y los aprieta fuertemente mientras se consume entre sollozos de placer. Mueve su cabeza violentamente de un lado a otro y me implora que no pare. Sus manos se aferran a las sábanas, las jala hacia él con los puños cerrados como si con ello pudiera detener los movimientos violentos de su cuerpo.</p>
<p>De pronto siento cómo todos los músculos de su cuerpo se tensan. Un grito profundo surge de su garganta. Me enderezo un poco y me separo apenas lo suficiente para poder observar cómo su engrosado miembro se expande y comienza a disparar con fuerza su abundante carga.</p>
<p>Siento las contracciones de su trasero y empujo hasta el fondo haciendo que el líquido brote con más fuerza. Me sorprende la potencia de la descarga, sobre todo porque en ningún momento él ha llegado a tocar su miembro.<br />
Su cuerpo se convulsiona ante la arremetida del orgasmo. La carga sigue brotando a chorros mientras me introduzco cada vez más profundo y con más furia. Las paredes de sus entrañas abrazan candentes mi miembro aprisionado; las impetuosas contracciones son más de lo que mi cuerpo puede soportar. En sólo unos segundos mi miembro dispara con fuerza la carga seminal.</p>
<p>En medio de gritos agudos me convulsiono una y otra vez al ser atacado por el avasallador orgasmo. Tremores de placer recorren mi cuerpo; me envuelve una nube de éxtasis difícil de controlar. Abro los ojos y descubro que Adrián está absorto contemplando la experiencia que me envuelve. Me inclino y lo beso con pasión mientras espero que la ola torrencial  comience a perder fuerza.</p>
<p>Me separo y me acuesto a un lado de él; nos quedamos dormidos unos minutos uno en brazos del otro. Después se levanta y me pide que lo deje tomarse un baño rápido. Se viste, recoge sus cosas y se dirige a la salida; no sin antes hacer una pausa para darme un beso y prometer que regresará pronto para verificar que mi “sistema” trabaje adecuadamente y a darle el mantenimiento necesario. Con una sonrisa lo veo alejarse y cierro la puerta.</p>
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		<title>Eric</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2009 21:57:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adelante</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Después de una ardua sesión de ejercicios me propuse tomar una ducha de agua fría antes de regresar a casa. El área de las regaderas se encontraba vacía, aún así me dirigí hasta el cuarto del rincón pues este ofrecía un poco más de privacidad. Parecía necesitarlo, las fuertes descargas de adrenalina levantando pesas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de una ardua sesión de ejercicios me propuse tomar una ducha de agua fría antes de regresar a casa. El área de las regaderas se encontraba vacía, aún así me dirigí hasta el cuarto del rincón pues este ofrecía un poco más de privacidad. Parecía necesitarlo, las fuertes descargas<span id="more-839"></span> de adrenalina levantando pesas y haciendo ejercicios cardiovasculares hicieron que la sangre fluyera libremente por mi cuerpo provocando que mi miembro viril alcanzara su estado de engrosamiento en más de una ocasión y tuve que hacer malabares tratando de ocultarlo bajo mis ropas holgadas.</p>
<p>Me metí bajo el chorro de agua fría en busca de alivio a mi excitación; sin embargo fue contraproducente pues la caricia del fresco líquido sobre mi cuerpo empeoraba las cosas.</p>
<p><img src="http://adelantemagazine.com/wp-content/uploads/2009/08/ensuenos.jpg" alt="ensuenos" title="ensuenos" width="350" height="200" class="alignleft size-full wp-image-840" />Aprovechando que estaba solo cerré los ojos y comencé a tocar suavemente mi cuerpo mientras me enjabonaba. Al acariciar mi pecho me percaté de la dureza de mis pezones; atrapé uno de ellos entre mis dedos y lo apreté ligeramente, luego hice lo mismo con el otro.  Después me enjaboné el cuello, los brazos, y de allí salté al abdomen. Puse especial atención en el abundante nido de vellos que cubre mi área genital, y sin poder evitarlo hice contacto con esa masa de carne que palpitaba en mi entrepierna. La tomé con mis dos manos y comencé mi tarea masturbatoria; la abundante espuma del jabón hacía la caricia más placentera; la adrenalina seguía fluyendo por todo mi cuerpo transportándome a las entrañas de la lujuria. Sostuve mi erección por el tronco dejando que el chorro de agua cayera directamente sobre la punta. Mi cuerpo comenzó a temblar; la mente me exigía cordura pero mi necesidad de desahogo era más fuerte.</p>
<p>De pronto escuché un ruido, acompañado de voces. Me di vuelta rápidamente hasta quedar de frente a la pared. El grupo de muchachos provenía de la clase de karate que recién terminaba.</p>
<p>A pesar de haber perdido la concentración en mi juego me di cuenta que la erección no había disminuido. Pensé en salir de la regadera y utilizar la toalla para cubrir mi erección, pero de todas formas se darían cuenta cuando tuviera que vestirme frente a ellos. Permanecí inquieto en mi lugar y con alivio me di cuenta que todos comenzaron a irse. Al cabo de unos minutos sólo se escuchaba el leve rumor de alguien que se estaba desvistiendo, y después oí que se acercaba.</p>
<p>Seguí de frente a la pared tratando de ocupar mi mente en algo que me ayudara a relajarme. Fue entonces cuando escuché una voz conocida:<br />
“Hola. ¿Qué tal los ejercicios de hoy? Te busqué para que hiciéramos una rutina juntos pero vi que ya no estabas” me dijo.<br />
Cuando volteé vi a Eric. Hacía ya unas semanas que lo había conocido; cuando no tenía la clase de karate se ponía a levantar pesas, y nos ayudábamos mutuamente cuando era necesario.</p>
<p>Me inquietaba su presencia; su físico me volvía loco. No sé qué era lo que más me atraía de él, su cuerpo deliciosamente musculoso, o su bello rostro angelical con una mirada tan profunda que parecía leer lo que yo estaba pensando. Despertaba en mí todo tipo de fantasías. Me imaginaba plantado frente a él besando con pasión sus jugosos labios, pasando una mano por su ensortijada cabellera mientras su mirada parecía suplicar que lo poseyera.</p>
<p>Vino a mi memoria aquella tarde en que le estaba ayudando a levantar las pesas sobre la banca. Mientras él permanecía acostado, yo estaba parado con las piernas separadas para tener más soporte. Mi entrepierna quedaba justo por encima de su cabeza. Sus pectorales se abultaban al máximo bajo la presión de las pesas. La playera se le fue subiendo hasta dejar al descubierto su abdomen plano. Durante las contracciones de éste pude notar que se abría un hueco justo por debajo del elástico de su short. Descubrí que no traía ropa interior y en una de esas contracciones llegué a ver más allá de su bajo vientre. Se le asomaba un cúmulo de vellos dorados que adornaban la base de un miembro de buen grosor.</p>
<p>En respuesta a lo que estaba viendo sentí una ligera presión en mi entrepierna y me di cuenta que mi miembro comenzaba a pararse. Avergonzado dirigí la mirada hacia otro lado hasta que mis ojos se encontraron con su mirada. Noté incluso que se pasaba la lengua por los labios mientras me sonreía abiertamente. No supe definir ese gesto, pero me dejó inquieto y confundido.</p>
<p>Ahora lo tenía allí al lado mío completamente desnudo y alistándose para un regaderazo. Me pareció sentir su mirada sobre mi cuerpo, haciendo que me pusiera todavía más tenso. Traté de actuar con naturalidad pero no podía mirarlo de frente sin evitar que él se percatara de mi erección. Volví a enjabonar mi cuerpo mientras seguíamos platicando.</p>
<p>Tan ensimismado estaba en ocultar mi “problema” que no me di cuenta que Eric se había acercado; de pronto sentí sus fuertes manos posándose sobre mis glúteos. Cerré lo ojos y me dejé llevar. Luego de unos segundos noté que Eric se pegaba a mi cuerpo. Su miembro completamente rígido se enterró entre mis piernas. Me pasó uno de sus brazos hacia enfrente hasta aferrarse a mi palpitante daga. Mi cuello se vio asaltado por la pasión de sus labios. Hubiese querido voltear en ese instante y saborear al fin el sabor de sus besos, sin embargo dejé que él fuera llevando el control de la situación. Sólo mi mano fue capaz de hurgar entre nuestros cuerpos hasta hacer contacto con su engrosada columna,  que era más grande y gruesa de lo que había imaginado. Después de acariciarla por un tiempo la volví a colocar entre mis glúteos hasta que sentí que la punta ejercía presión tratando de introducirse en mis entrañas. Tan embriagado estaba por sus caricias que hubiese querido dejarme penetrar por ese puntal candente allí mismo, sin más preámbulos.</p>
<p>Mi cuerpo temblaba por la emoción, las fuerzas me iban abandonando, sólo nos detuvimos al darnos cuenta que la tentación nos podía derrotar. Me di la vuelta hasta quedar frente a él. Su penetrante mirada me hipnotizó, me perdí en la profundidad de sus ojos.</p>
<p>Lo observaba engolosinado mientras acerqué mi rostro y por fin pude libar el dulce néctar de sus labios que se ofrecían virginales a la furia de mis besos. Lo besé con tanta pasión que parecía causarle daño. Era tanta la necesidad de sus besos que nada podía aplacar mi sed. Lo besé en la boca, en la punta de la nariz, en sus ojos, quería comerme a besos ese rostro que tantos sueños me había inspirado.</p>
<p>Cuando creí tener suficiente comencé a descender por su cuello y su pecho. Hice una pausa para contemplar la belleza de sus pectorales; con mis manos acaricié la firmeza de sus brazos, metí la cabeza por debajo de éstos e inhalé el intoxicante aroma de su masculinidad. Caminé alrededor de él para poder admirar los músculos de su espalda. Descendí por su columna vertebral hasta que mis labios hicieron contacto con los montículos de su trasero. Introduje la lengua por entre sus glúteos y enterré mis dientes en la sedosa carne de su trasero. Lo sentí estremecerse ante la caricia, y volví a atacar con más furia.</p>
<p>Continué explorando su cuerpo. Bajé por sus piernas y restregué mi mejilla sobre la tersa piel carente de vellos. Poco a poco fui separando sus piernas y hundí mi rostro por en medio de ellas. Mis labios hicieron contacto con los testículos;  los lamí lentamente mientras me acomodé hasta quedar hincado frente a él. Su columna se erguía amenazante ante mis ojos, estudié la exquisitez de su anatomía fálica, las dimensiones de ese miembro poseían supremacía absoluta, cada curva, cada línea, cada vena, ensalzaban la perfección de su forma. La tomé entre mis manos y acaricié la punta con mi lengua. Después envolví con mis labios la cabeza circuncidada hasta que sentí que Eric trataba de meterla toda. Las dimensiones de ésta dificultaban mi labor, sin embargo me las arreglé para poder darle la satisfacción requerida.</p>
<p>Dejé que él volviera a tomar control de la situación. Su miembro erguido entraba y salía con estocadas más profundas y aceleradas. Hizo una pausa, me pidió que me levantara y se colocó a mi espalda. Se hincó y comenzó a besar mi trasero. Después se levantó y puso su columna entre mis glúteos. Fue ejerciendo presión sobre la entrada, mientras me susurraba al oído que ya no podía más, que me quería poseer.</p>
<p>Nos terminamos de bañar, nos secamos y seguí a Eric al área de los casilleros. De su maleta sacó un par de condones, se colocó uno y se acostó sobre una banca. Me subí a ésta y quedé encima de él. Fui descendiendo poco a poco hasta hacer contacto con su erección.  Esa posición me permitía tomar el control del ataque. Me fui introduciendo poco a poco su miembro. El ansia de ser poseído por ese adonis facilitaba la penetración; sin embargo tuve que hacer dos o tres pausas hasta poder dar cabida a toda esa masa de carne viva.</p>
<p>Cuando sentí que la había introducido toda, comencé a cabalgar sobre su cuerpo. Sus manos se aferraban a ambos lados de mi cintura ayudándome a elevar un poco para después volver a caer. La inclinación de mi cuerpo sobre el de él hacía que mi miembro quedara atrapado entre nuestros abdómenes; la fricción que esto producía, aunado a las sensaciones placenteras de la penetración, fueron mermando mis fuerzas. Mis movimientos se hicieron cada vez más impetuosos hasta que en medio de espasmos incontrolables comencé a expulsar la lava viscosa que hervía en mis entrañas.</p>
<p>Notando que Eric se encontraba también al borde del éxtasis no dejé de moverme sobre su cuerpo hasta que sentí que se cimbraba ante la magnitud del orgasmo. Las convulsiones de su cuerpo transmitieron sus descargas a todo mi ser alargando unos segundos la experiencia del orgasmo logrando así llegar juntos hasta la cima de la lujuria carnal.</p>
<p>En el momento cumbre las manos de Eric se aferraron a mis pectorales, sus uñas se enterraron con arrebato marcándome la piel con las huellas de la pasión. El deseo por tanto tiempo contenido se desbordó provocando en nosotros el más profundo de los orgasmos. Al tiempo que era atacado por el tremor de mis convulsiones, sentía que Eric se estremecía con la furia de la tormenta. Una y otra vez su cuerpo se arqueaba sobre la banca y de un empellón volvía a introducir su daga punzante en lo más profundo de mis entrañas. La experiencia parecía no tener fin. Me abalancé sobre su rostro y lo besé con pasión infinita. Nuestros labios permanecieron unidos por largo tiempo mientras nuestras respiraciones agitadas volvían a la normalidad.</p>
<p>Regresamos a las regaderas, tomamos una ducha rápida; nos vestimos y salimos de ese lugar para después dirigirnos a su apartamento, en donde nos esperaba una larga noche de pasión y desenfreno.</p>
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