Cómo no perder la motivación para alcanzar las resoluciones para el 2010

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Cuando empieza un nuevo año es un buen momento para tomar resoluciones. ¿Qué es lo que queremos que suceda en el nuevo año? ¿Qué queremos conseguir? A veces en nuestras listas incluimos: bajar de peso, hacer más ejercicio, tomar clases para aprender nuevas habilidades, cambiar de trabajo, cambiar de casa, anotarnos en la universidad, hacer un viaje. El principio de año nos da la oportunidad para reflexionar sobre nuestra vida y para tomar decisiones para empezar a hacer algunas cosas y quizás dejar de hacer otras. Hay motivación y nos anotamos en el gimnasio, programas de inglés, empezamos la dieta. Pero muchas veces esa motivación para implementar las resoluciones no dura mucho tiempo. En febrero ya los gimnasios están vacíos nuevamente, dejamos la dieta, o de ir a las clases que estamos tomando.

En mi experiencia como coach y psicólogo por 20 años me he dado cuenta que el problema no reside tanto en reconocer qué es lo que se quiere obtener sino en mantener la motivación para alcanzarlo. ¿Qué podemos hacer para mantener la motivación? Lo más importante es tener claro por qué queremos lo que queremos. Por qué es importante para nosotros. ¿Cuáles son los beneficios? Si los beneficios no son lo suficientemente importantes para nuestras vidas, va a ser mucho más difícil alcanzar las metas.

Necesitamos estar convencidos de qué es lo que queremos y de que lo podemos hacer. Muchas veces no nos tenemos confianza en nuestra capacidad de conseguir las cosas. Quizás en el pasado no hemos sido efectivos y creemos que no vamos a conseguir eso que buscamos. Llevamos el pasado al futuro y conseguimos una profecía auto-cumplida, es decir eso que tememos que pase, termina pasando por generar circunstancias para que eso suceda. Es decir que para mantener la motivación además de tener claridad de los beneficios y los costos de no conseguir eso que queremos, es clave tener confianza en nuestra capacidad de conseguirlo y certeza que lo conseguiremos.

¿Cómo es tu confianza en ti mismo/a? ¿Cómo lidias con la certeza en tu vida? Si no te sientes con seguridad quizás sea una oportunidad de desarrollar esa creencia en tus propias capacidades, de creer en tus posibilidades de éxito en vez de creer que no lo conseguirás. Para mantener la motivación tu diálogo interno es la clave. ¿Qué te vas a decir a ti mismo/a cuando tengas flojera, cuando no tengas ganas de hacer eso que sabes que necesitas hacer? ¿Cómo va a ser tu diálogo interno cuando te encuentres con obstáculos en el camino, cuando las cosas no salgan como las tenías planificadas? El nivel de tolerancia a la frustración que tengas te va a ayudar o va a ser tu enemigo. Si no soportas que las cosas no sucedan rápido y bien, quizás te frustres y decidas darte por vencido/a rápidamente como lo has hecho en el pasado. Por ejemplo, si empiezas la dieta y no bajas de peso enseguida quizás dejes la dieta. O si tomas una clase de inglés y sigues teniendo dificultades para hablar o entenderlo, quizás decidas dejar la clase.

Es por eso que la disciplina juega un rol importante y es uno de los antídotos en contra de la falta de motivación. Disciplina es consistencia. Es hacer las cosas tengamos o no tengamos ganas de hacerlas. Es llevar nuestro cuerpo al gimnasio cuando no queremos ir. Es cerrar la boca y no comer cuando no tenemos hambre. Puedes estar pensando que todo esto es fácil de decir y difícil de hacer. Va a ser difícil si tú lo crees de esa manera. Recuerda que nuestras creencias van a motivarnos o quitarnos la motivación. Te invito a que reflexiones sobre tus creencias sobre tus capacidades para mantener la disciplina y conseguir tus metas. Finalmente, el tener un amigo, pareja o persona que nos apoye puede hacer una diferencia para mantener la motivación. Esta persona puede recordarnos de lo importante de nuestras metas, de nuestra capacidad para conseguirlas y darnos sus consejos o ideas para vencer los obstáculos que nos encontremos en el camino. Si tienes alguna pregunta no dudes en comunicarte conmigo a atusaluddg@aol.com.

Por: Damián Goldvarg, Ph.D.

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