DE TODO PARA TODOS

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Emmanuel siempre había sido un chico bastante introvertido, desde que era un pequeño mostraba poca facilidad para hablar con los demás acerca, ya ni siquiera de sus emociones, sino incluso de cosas triviales. Nunca le ha interesado comunicarse ni con cercanos ni con extraños. Desde niño mostró una personalidad extraña para sus padres, pero lo dejaron pasar, porque mientras estuviera sentado frente a una computadora jamás daba problemas. En su familia pensaban que tarde o temprano llegaría a mostrar su verdadera personalidad avasallante y llena de energía como cualquier otro niño, hoy a sus 17 años eso nunca sucedió.

aranda1Nunca ha platicado con nadie de sus más íntimas fantasías, pero como cualquier chico de su edad, se ha enfocado en buscar información en la Internet para entender acerca de sus sentimientos; cualquiera pensaría que Emmanuel solamente vive enfocado en si mismo, pero ni su timidez ha podido ser suficiente para vencer sus deseos sexuales de estar con otros hombres. Él sueña con estar en los brazos de hombres mayores, que de preferencia fueran velludos y gordos, pero no puede ponerse muy selectivo porque no tiene ni la más mínima idea de cómo contactar a otros ni mucho menos se atrevería a iniciar cualquier conversación con alguien.

Todas las noches a Emmanuel le gusta ir al parque deportivo cercano a donde vive para correr un poco y caminar otro tanto, su personalidad es como si estuviera absorto con la música que escucha con su ipod, jamás se interesa en iniciar contacto humano. No le interesa hablarle a nadie, y no cree poder soportar que alguien le dirija la palabra ni siquiera para que le pregunten la hora. Los audífonos son su mejor escudo para que nadie intente acercarse a él. Él es feliz de mantenerse alejado de cualquier ser humano que desee interactuar con él. Nunca ha sentido necesidad de entablar diálogo con alguien, y cree poder seguir viviendo así.

Era una de las últimas noches del verano, ya hacía falta vestir aunque sea una breve chaqueta, por lo cual Emmanuel ya estaba pensando muy seriamente en tomar la decisión de abandonar la práctica deportiva a la cual le había tomado mucha pasión en los últimos meses pero entonces sucedió algo que para Emmanuel significó hacer realidad lo que su mente tantas veces imaginaba. Tuvo ganas terribles de orinar, se le hizo largo el camino para llegar al centro del parque donde se encontraban los baños públicos y ahí había un hombre que lo miró fijamente cuando usó el baño, tuvo miedo de ser mirado de ese modo nuevo y huyó de ahí.

Las siguientes noches Emmanuel no podía dormir tranquilamente como antes de que sucediera el incidente de los baños públicos, fantaseaba acerca del hombre que lo había mirado fijamente, era exactamente el prototipo que tanto deseaba: varonil, alto, robusto, brazos velludos, fuerte y con vello facial en forma de barba y de bigote. Y después de varias noches de soledad decidió dejar de pensarlo y por fin aprovechar la oportunidad que la vida le estaba ofreciendo en charola de plata para poder hacer realidad sus fantasías. Esa noche en vez de irse a realizar su caminata se fue directo a los baños públicos pero estaba vacío. No pasó nada.

Las siguientes 3 noches no mejoró su suerte, ya no eran unos minutos esperando en los baños públicos para dejarse llevar por sus fantasías, llegó a esperar hasta más de una hora ahí dentro para ver si lograba mantener un encuentro y solamente entraban personas que nomás iban a satisfacer su necesidad de orinar. Y lo único que conseguía eran miradas de personas extrañadas por su actitud sospechosa dentro de los baños públicos. Y de pronto sucedió lo que su corazón y su mente tanto habían deseado. Un hombre entró al baño público y de inmediato reconoció la mirada en Emmanuel, una mirada que pedía mucho.

Esa primera vez marcó la diferencia en la vida de Emmanuel, los baños públicos de ahora en adelante significaron para él la oportunidad perfecta para mantener encuentros sexuales con hombres de todo tipo. Para él significaba un alivio total porque no habría ningún compromiso ni siquiera de entablar un diálogo porque con la mirada perfecta se decían mucho, se hablaban con los ojos de las ganas que les provocaba uno al otro, y con esas precisas miradas se obtenía mucho más que con palabras, porque todo era cuestión de saber pedir con la mirada a quien busca esas miradas para darle rienda suelta a la pasión.

Por: Gabriel Aranda

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