Déjennos trabajar

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La entrevista había ido tan bien que Izza López pensó que había conseguido el trabajo. Un par de días después de entrevistarse con River Oaks Imaging en Houston, recibió – y aceptó – una oferta de trabajo. Días después, sonó su teléfono otra vez. “Hemos examinado su “background check,” le dijeron. “Ud. se presentó como mujer, pero en verdad Ud. es un hombre, y por eso rescindimos la oferta.”

Dos años después y en Atlanta, Glenn Morrison, por fin estaba listo para dar el paso siguiente de su cambio de género. Le dijo a su jefe que empezaría a trabajar como Vandy Beth Glenn, de acuerdo con su identidad de género femenino y con los consejos de los médicos. “Tengo que despedirle,” respondió el jefe de Glenn, “porque va a incomodar a los demás.” A Glenn la escoltaron fuera del edificio.

No puedes esconder tu género en el trabajo. Las solicitudes lo piden; papeleo interno y formularios de seguro de salud lo requieren; así dividimos los baños y códigos de vestir entre la gente. Los empleados transgénero– cuya identidad como hombres o mujeres no está de acuerdo con su sexo de nacimiento – son profundamente vulnerables a la discriminación. Sólo 12 estados (y Washington D.C.) tienen leyes que prohíben la discriminación de identidad de género en el trabajo. Sin protecciones legales claras, los trabajadores transgénero están a la merced de empleadores que pueden decidir a actuar justamente – o después de que ocurra la discriminación, a la merced de jueces que tal vez sean persuadidos a aplicar las leyes existentes.

Por supuesto, todos tenemos un género, y por eso nos interesa construir un mundo en el que los empleadores nos juzguen basándose en nuestro mérito, y no en si somos suficientemente masculinos o femeninos para su gusto. Muy a menudo, los gays y las lesbianas son acosados por clientes, compañeros de trabajo o jefes por parecerles demasiado “marimachos” o afeminados – abuso que no tiene que ver con quien amamos sino con cómo uno se presenta o comporta. Eso es el género: el conocimiento profundo que somos hombres o mujeres, y la variedad de maneras por las cuales transmitimos ese “yo verdadero” al mundo.

Lambda Legal demandó de parte de Izza López y de Vandy Beth pero demasiados otros trabajadores caerán en el olvido hasta que se apruebe el Proyecto de Ley contra la Discriminación en el Empleo (ENDA, por sus ciglas en inglés) con protecciones inequívocas para la identidad de género.

En una manifestación reciente a favor de ENDA, una mujer transgénero alzaba un cartel que decía solo: Déjennos trabajar. Ponte en contacto con tu senador federal y con tu miembro de la Cámara de Representantes para expresar tu apoyo para ENDA, y añade tu voz a la exigencia de Lambda Legal de parte de todas las comunidades a quien representamos: Déjennos trabajar.

Let us work

The interview went so well that Izza Lopez thought she got the job. A few days after interviewing at River Oaks Imaging in Houston, Izza received – and accepted – a job offer. Days later, her phone rang again. “We’ve taken a closer look at your background check,” she said. “You misrepresented yourself as a woman, but you’re really a man, so we’re rescinding the job offer.”

Two years later in Atlanta, Glenn Morrison was finally ready to take the next step in gender transition. He told his boss that he would soon be commencing work as Vandy Beth Glenn, in accordance with Glenn’s female gender identity and doctors’ recommendations. “I have to let you go,” Glenn’s boss replied, “because you’ll make other people uncomfortable.” Glenn was promptly escorted out of the building.

Gender cannot be hidden in the workplace. Job applications request it; internal paperwork and health insurance forms require it; restrooms and dress codes divide people by it. Transgender employees – those whose identity as men or women does not align with their birth sex – are profoundly vulnerable to discrimination. Only 12 states (and Washington DC) have laws banning gender identity discrimination in the workplace. Without clear legal protections, transgender workers are at the mercy of employers who may decide to act fairly – or, after discrimination occurs, at the mercy of judges who might be persuaded that existing laws apply.

Of course, all workers have a gender, and so we all have a stake in building a world where employers judge us based on merit, not on whether we’re sufficiently masculine or feminine for their taste. Gays and lesbians are too often harassed by customers, coworkers or bosses for seeming too “butch” or “effeminate” – abuse that has less to do with whom one loves than how one looks or acts. That’s gender: the deep awareness that we are men or women, and the variety of ways we telegraph that true self to the world.

Lambda Legal sued on Izza Lopez’s and Vandy Beth´s behalf, but too many other workers will fall through the cracks until the Employment Nondiscrimination Act passes with unambiguous gender identity protections.

At a recent rally in support of ENDA, a transgender woman held up a sign that simply read: Let us work. Contact your U.S. Senator and congressperson in support of ENDA, and add your voice to Lambda Legal’s request on behalf of all the communities we represent: Let us work.

Ask Lambda Legal – by Cole Thaler,
abogado especializado en los derechos de las personas transgénero

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