Desperdicio de Alimentos

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Querido DiálogoEcológico: ¿Cuáles son las implicaciones ambientales de todo los alimentos que botamos aquí en Estados Unidos?
— Mike Schiller, Cambridge, MA

El desecho de alimentos es un asunto inmenso en Estados Unidos, especialmente a la luz de la creciente brecha que separa el derrochador rico y el hambriento pobre. Según el Proyecto de Pérdida de Alimento del Departamento de Agricultura de EEUU, nosotros tiramos más de 25 por ciento—unos 25,9 millones de toneladas—de todo los alimentos que producimos para venta y consumo domésticos. Un estudio de 2004 de la Universidad de Arizona considera que la cifra esta más cerca del 50 por ciento, encontrando que los norteamericanos derrochan unos $43 mil millones anualmente en alimento malgastados. El investigador principal Timothy Jones reporteó que en promedio, los hogares de EEUU malgastan 14 por ciento de sus compras de alimento. El estima que una familia de cuatro bota $590 al año solamente en carne, frutas, verduras y granos.

Una vez que este alimento llega al basural, engendra metano, un gas invernadero 23 veces más poderoso que el bióxido de carbono para atrapar el calor dentro de nuestra atmósfera. Según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU, los basurales son responsables por un 34 por ciento de todas las emisiones de metano en EE.UU. —significando que el sándwich que usted hizo y enseguida no se comió aumenta su huella de carbón personal—y colectiva.

Además, los investigadores del Instituto Nacional de Enfermedades de Diabetes, Digestivas y del Riñón (NIDDK) concluyó en un estudio de 2009 que cada año un cuarto del consumo de agua de EEUU y más de 300 millones de barriles de petróleo (cuatro por ciento del consumo de petróleo total de EEUU) entran en la producción y distribución de alimentos que últimamente acabarán en vertederos. Ellos agregan que el desecho de alimento per cápita ha aumentado por la mitad desde 1974, y sugieren que la “epidemia de obesidad de EE.UU.” puede ser el resultado de un “efecto de presión” causado por la mayor disponibilidad de alimentos y mercadotecnia dirigida a norteamericanos incapaces de igualar su consumo de alimento con la cantidad expandida de alimentos baratos.

A pesar de todo esto, los ecologistas siguen siendo optimistas que los norteamericanos podrán reducir sus desechos de alimentos. Para empezar, los restaurantes y mercados encuentran cada vez más salidas—inclusive ollas para pobres (comedores de caridad) y granjas que buscan comida animal barata—para alimentos que ellos de otro manera tirarían. Algunas comunidades ahora recogen y hacen centralmente abonos con los desechos de alimentos de edificios residenciales y comerciales y ponen la tierra resultante rica en nutrientes a utilizar en proyectos municipales o en venta al público. Y unas pocas ciudades emprendedoras ahora tienen tecnologías de “desecho a energía” que extraen metano de los vertederos para uso como combustible.

Una reacción extrema al asunto del desecho de alimentos es el “freeganismo,” un movimiento de gente que vive de los alimentos desechados por otros. Estos “buceadores de contenedores”, en las palabras de Warren Oakes, fundador del movimiento, incorporan “una ética de ANTI consumerismo con respecto a la comida” y no sólo evitan crear desechos sino vivir con los que son generados por otros.

Convertirse en un freegan quizás sea un poco demasiado para la mayoría de nosotros, pero podemos tomar medidas para minimizar el desperdicio de alimentos. Jones, con la Universidad de Arizona, sugiere la planificación más cuidadosa de la compra, inclusive con la visualización de listas completas de menús y comestibles, y sabiendo qué alimentos están siendo olvidados en el refrigerador y la despensa que deben ser utilizados antes que se descompongan. Y no se olvide que muchos alimentos pueden ser congelados y disfrutados más tarde. Jones contiende que si nosotros como nación pudieramos cortar nuestro desecho de alimento en la mitad extenderíamos la vida de los vertederos por décadas y reduciríamos el agotamiento de la tierra y la aplicación de incontables toneladas de abonos, pesticidas y herbicidas.

CONTACTOS: University of Arizona Food Waste Study, www.communitycompost.org/info/usafood.pdf; N IDDK, www.niddk.nih.gov; Freegans, www.freegan.info.

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DiálogoEcológico
De los Redactores de E/La Revista Ecológica

Food waste.

Dear EarthTalk: What are the environmental implications of all the food we throw away here in the United States?
— Mike Schiller, Cambridge, MA

Food waste is a huge issue in America, especially in light of the growing divide between the profligate rich and the hungry poor. According to the U.S. Department of Agriculture’s Food Loss Project, we throw away more than 25 percent—some 25.9 million tons—of all the food we produce for domestic sale and consumption. A 2004 University of Arizona study pegs the figure at closer to 50 percent, finding that Americans squander some $43 billion annually on wasted food. Lead researcher Timothy Jones reported that on average, U.S. households waste 14 percent of their food purchases. He estimates that a family of four tosses out $590 per year in meat, fruits, vegetables and grain products alone.

Once this food gets to the landfill, it then generates methane, a greenhouse gas 23 times as potent as carbon dioxide in trapping heat within our atmosphere. According to the U.S. Environmental Protection Agency, landfills account for 34 percent of all methane emissions in the U.S.—meaning that the sandwich you made and then didn’t eat yesterday is increasing your personal—and our collective—carbon footprint.

Furthermore, researchers at the National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK) concluded in a 2009 study that each year a quarter of U.S. water consumption and over 300 million barrels of oil (four percent of U.S. oil consumption) go into producing and distributing food that ultimately ends up in landfills. They add that per-capita food waste has increased by half since 1974, and suggest that the “U.S. obesity epidemic” may be the result of a “push effect” of increased food availability and marketing to Americans unable to match their food intake with the increased supply of cheap food.

In spite of all this, environmentalists are optimistic that Americans can reduce their food waste. For one, restaurants and markets are increasingly finding outlets—including soup kitchens feeding the poor and farms looking for cheap animal feed—for food they would otherwise toss. Some communities now pick-up and centrally compost food waste from commercial and residential buildings and put the resulting nutrient-rich soil to use in municipal projects or for sale to the public. And a few enterprising cities now have waste-to-energy technologies that extract methane from landfills for use as fuel.

An extreme reaction to the food waste issue is “freeganism,” a movement of people who live on the food cast off by others. These “dumpster divers” share, in the words of movement founder Warren Oakes, “an anti-consumeristic ethic about eating” and not only avoid creating waste but live off that caused by others.

Going freegan might be a bit much for most of us, but we can all take action to minimize food waste. The University of Arizona’s Jones suggests more careful purchase planning, including devising complete menus and grocery lists, and knowing what foods are lurking in the fridge and pantry that should be used before they go bad. And don’t forget that many foods can be frozen and enjoyed later. Jones contends that if we as a nation were able to cut our food waste in half we’d extend the lifespan of landfills by decades and reduce soil depletion and the application of untold tons of fertilizers, pesticides and herbicides.

CONTACTS: University of Arizona Food Waste Study, www.communitycompost.org/info/usafood.pdf; N IDDK, www.niddk.nih.gov; Freegans, www.freegan.info.

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