El Nuevo Contrato

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El servicio de Internet se hacía cada vez más lento. Ni las continuas llamadas a la línea de asistencia al cliente ayudaban a mejorar el servicio. Fue entonces cuando decidí firmar el contrato con una nueva compañía. Me dieron la cita para el lunes a las 8 de la mañana, pero no pensé que llegarían a las 7:30, justo cuando me disponía a tomar un baño.

ensuenos_sepTomé una toalla, me la enredé a la cintura y salí a abrir. El técnico que fue a conectar el servicio era un muchacho de unos 23 ó 24 años, latino, de estatura mediana y cuerpo robusto y musculoso. Su cabello lacio y grueso lucía despeinado y le daba un aspecto más juvenil. Sonreía al hablar mientras me daba los pormenores de la instalación.

Llevaba su uniforme tan entallado que resaltaba todas las formas de su anatomía. Los botones de su camisa parecían ceder ante la presión de sus pectorales. Lucía un poco llenito en la parte del abdomen haciéndolo más atractivo a mi gusto.

En su camisa traía bordado su nombre: Adrián. El teléfono celular lo llevaba colgado del cinturón junto con algunas herramientas y sus llaves. En el bolsillo de su pantalón parecía haber espacio sólo para su cartera en la parte de atrás, abultándole más su ya de por sí prominente trasero.

Las bolsas del frente del pantalón parecía llevarlas vacías y sólo se notaba la protuberancia de su abultado paquete, incluso pude observar que su miembro se delineaba ligeramente hacia el lado derecho.

Detuve la puerta para que entrara y le indiqué dónde estaba la computadora. Le dije que lo iba a dejar solo un momento mientras me bañaba. Noté que su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo antes de entrar a hacer su labor.
Arrastraba los pies como si le pesaran las botas de trabajo y balanceaba su cuerpo al caminar dándole un aire de virilidad que parecía brotar de cada poro de su cuerpo.

Me metí al baño y a propósito dejé la puerta entreabierta. Desde allí podía ver su imagen reflejada en el espejo de la recámara. Se agachó junto al escritorio mostrando su trasero en todo su esplendor. Me di cuenta que bajo el pantalón llevaba puesto un suspensorio azul marino que hacía juego con su uniforme y enmarcaba la redondez de sus nalgas. Parecía saber que lo estaba observando pues se agachó un poco más mostrando más de su piel desnuda y noté que contraía sus glúteos en un par de ocasiones.

Le eché un último vistazo antes de meterme bajo la ducha y cerrar la puerta de vidrio. Dejé que el agua fría recorriera mi cuerpo tratando de aliviar un poco la excitación que sentía. A través de la cortina de vapor que empañaba la puerta me pareció sentir la mirada de Adrián. Me tomé un tiempo enjabonando mi cuerpo poniendo especial atención en mi área genital, de donde surgía palpitante mi columna engrosada. Cerré los ojos y lo imaginé allí junto a mí, disfrutando juntos de una sesión maratónica de juegos y caricias, lo veía incluso parado contra la pared, con las piernas abiertas ofreciéndome su delicioso trasero y restregándose contra mi cuerpo mientras me pedía que lo poseyera.

La voz varonil de Adrián me volvió abruptamente a la realidad. Me dijo que ya había terminado la instalación y que esperaría para darme algunas instrucciones.

Enseguida cerré la llave del agua, tomé la toalla y me sequé; recorrí la puerta de vidrio y miré a través del espejo pero no encontré a Adrián, supuse que tal vez estaría en la sala.

Al salir del cuarto del baño y entrar a mi recámara sentí un flujo de sangre caliente recorrer de golpe todo mi cuerpo. Allí, sobre las blancas sábanas de mi cama yacía Adrián tendido boca abajo; se había quitado la ropa dejándose sólo el suspensorio, los elásticos de éste le abultaban aún más sus nalgas seductoras.

Sin pérdida de tiempo me abalanzo sobre él. Lo atrapo entre mis brazos mientras beso su espalda y cuello. Me subo sobre él y jalo su rostro ligeramente para poder acariciar sus labios con mi boca. Lo beso con pasión desbordante mientras su cuerpo se estremece bajo el mío.

Le doy la vuelta para poder besar su pecho, su abdomen y llegar hasta su área genital. Inhalo el aroma viril de su miembro a través de la tela del suspensorio. Lo beso por encima de ésta y con la lengua me voy abriendo paso hasta que mis labios hacen contacto con la sedosa piel de su prepucio; la atrapo con los dientes y voy alternando mis caricias entre pequeños mordiscos y lamidas apasionadas, después le voy bajando el suspensorio poco a poco y contemplo embelezado la perfección de su miembro; impulsado por el deseo incontenible me lo introduzco en la boca hasta que su vello púbico me hace cosquillas en la nariz.

Saboreo extasiado el agridulce néctar que brota de su columna. Mi mano juega con sus testículos mientras le prodigo sexo oral. Su cuerpo se contorsiona por el placer que lo consume.

En mi entrepierna siento el deseo incontenible de enterrarme en sus entrañas. Lo quiero poseer sin pérdida de tiempo. Me toma apenas unos segundos sacar un condón de la mesita de noche y colocármelo. Elevo sus piernas y las coloco en mis hombros. De su miembro emana incontenible el líquido de su virilidad. Le pongo apenas la punta de mi miembro a la entrada de su trasero y siento cómo se contrae. El gesto en su rostro muestra el dolor que está sintiendo; baja sus piernas para tomar un poco el control de la situación. Hago una pausa para permitir que se acostumbre al objeto en sus entrañas. El placer que comienza a reflejarse en su rostro es la señal que necesito para seguir avanzando.

Me fascina observar sus piernas alrededor de mi cintura mientras noto cómo mi estaca se clava en su trasero. Su miembro continúa expeliendo el viscoso líquido que se deposita en su ombligo.

Comienzo a moverme con arrebato, entre más le meto, más me pide. Mis movimientos se van acelerando, la pasión que envuelve a nuestros cuerpos comienza a hacer mella a medida que pasan los minutos. Quiero tenerlo así por una eternidad, pero el hambre que tiene su cuerpo demanda ser poseído sin misericordia.
Puedo ver claramente su rostro, y el gesto de infinito placer que lo está envolviendo y lo va llevando poco a poco hasta el más arrasante y estremecedor orgasmo.

Sin siquiera tocarlo, su miembro salta incontrolable, como si las terminaciones nerviosas de mi puntal estuviesen conectadas al suyo, haciéndolo palpitar con cada arremetida que le propino.

Le pido que se lo sacuda con una mano pero es tanta la excitación que dice sentir que prefiere no hacer contacto directo con su erección o de lo contrario explotaría apenas él pusiera sus dedos sobre la sedosa piel.
Por debajo de sus testículos puedo incluso ver las contracciones entre sus glúteos al tiempo que siento cómo las candentes paredes que aprisionan mi columna abrazan cada vez con más ímpetu.

Su cuerpo se retuerce sobre la cama y sus piernas aprietan con más fuerza mi cintura. Apoyando sus brazos y su espalda sobre la cama eleva su trasero contrayendo los músculos de su esfínter. Su cuerpo danza con tal intensidad que va menoscabando mis fuerzas interiores.

Estoy a punto de rendirme y descargar la lava ardiente que hierve en mis testículos.
Le meto las manos a ambos lados de la cintura y aprieto sus turgentes nalgas tratando de evitar que se siga moviendo. Sin embargo él continúa sacudiendo su trasero contra mi cuerpo.

Toma una de mis manos y la coloca sobre su pecho. Me pide que le pellizque fuerte su pezón mientras se la meto con fuerza bruta. Me calienta sobremanera el hambre que tiene de mí, la necesidad de ser poseído sin ningún miramiento. Entre más violentos se vuelven mis ataques, más profundos son los gemidos que surgen de su garganta. No hay duda que somos el complemento perfecto. Gozo viéndolo gozar; me pide más y yo se lo doy.

Sus piernas siguen aferradas a mi cuerpo. Los movimientos giratorios de su cintura me llevan al borde del paroxismo. Comienzo a sentir agotamiento; lo tomo por las piernas y las elevo hasta mis hombros. Me recargo sobre su cuerpo y como puedo me abro paso hasta poder tocar sus pezones con mi boca. Muerdo ligeramente uno y luego salto al otro, mientras mi daga sigue clavándose una y otra vez.

Abre los ojos por un instante para observar cómo lo acaricio. Después los vuelve a cerrar y los aprieta fuertemente mientras se consume entre sollozos de placer. Mueve su cabeza violentamente de un lado a otro y me implora que no pare. Sus manos se aferran a las sábanas, las jala hacia él con los puños cerrados como si con ello pudiera detener los movimientos violentos de su cuerpo.

De pronto siento cómo todos los músculos de su cuerpo se tensan. Un grito profundo surge de su garganta. Me enderezo un poco y me separo apenas lo suficiente para poder observar cómo su engrosado miembro se expande y comienza a disparar con fuerza su abundante carga.

Siento las contracciones de su trasero y empujo hasta el fondo haciendo que el líquido brote con más fuerza. Me sorprende la potencia de la descarga, sobre todo porque en ningún momento él ha llegado a tocar su miembro.
Su cuerpo se convulsiona ante la arremetida del orgasmo. La carga sigue brotando a chorros mientras me introduzco cada vez más profundo y con más furia. Las paredes de sus entrañas abrazan candentes mi miembro aprisionado; las impetuosas contracciones son más de lo que mi cuerpo puede soportar. En sólo unos segundos mi miembro dispara con fuerza la carga seminal.

En medio de gritos agudos me convulsiono una y otra vez al ser atacado por el avasallador orgasmo. Tremores de placer recorren mi cuerpo; me envuelve una nube de éxtasis difícil de controlar. Abro los ojos y descubro que Adrián está absorto contemplando la experiencia que me envuelve. Me inclino y lo beso con pasión mientras espero que la ola torrencial comience a perder fuerza.

Me separo y me acuesto a un lado de él; nos quedamos dormidos unos minutos uno en brazos del otro. Después se levanta y me pide que lo deje tomarse un baño rápido. Se viste, recoge sus cosas y se dirige a la salida; no sin antes hacer una pausa para darme un beso y prometer que regresará pronto para verificar que mi “sistema” trabaje adecuadamente y a darle el mantenimiento necesario. Con una sonrisa lo veo alejarse y cierro la puerta.

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