La Necesidad De Una Verdadera Reforma Migratoria Integral (Cir)

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Estamos siendo testigos del más intenso debate en más de una generación sobre cómo reformar nuestras leyes de inmigración que se han quedado anticuadas, para poder cumplir con las demandas de nuestra economía del siglo XXI y nuestras necesidades de seguridad. Para poder crear una reforma que realmente funcione debemos oponernos a ideologías que no sirven a nuestros intereses nacionales.

Para proveer una reforma verdadera, no solamente debe haber un camino a la ciudadanía para los indocumentados, sino que ese camino debe estar libre de innecesarios obstáculos, tales como estancarse en un nuevo “estatus” para personas indocumentadas antes de ser elegibles para recibir un estatus de residente permanente legal, lo que sería contraproducente. Claramente, nuestro gobierno debe conducir chequeos del historial de cada aplicante para detectar a posibles criminales, pero una vez que se hagan, el próximo paso lógico es la residencia permanente, que a su vez debe llevar a la ciudadanía. Bajo la ley actual, este período de espera es usualmente de cinco años. Lo cual es un lapso aceptable.

Ya hemos experimentado con leyes que no proveen la ciudadanía a trabajadores extranjeros. El programa “bracero” de finales de los 50s reclutó un número record de trabajadores de México. Simplemente a través de El Paso, más de 80,000 braceros llegaron a Texas de manera annual. Luego de unos pocos años el programa falló. Para 1964, había numerosos reportes de personas a las que no les pagaban lo justo, que los hacían trabajar en exceso, que los acosaban, lo cual llevó al departamento del trabajo a referirse al programa como “esclavitud legalizada.”

Otro ejemplo de tales polizas fallidas ocurrió en la Alemanía de la pos-guerra. De acuerdo con el Instituto de Población y Desarrollo de Berlín, aproximadamente 3 millones de inmigrantes turcos viviendo en Alemania, y que no lograron una ciudadanía alemana completa, en la actualidad están menos integrados que cualquier otro grupo de inmigrantes, y es más probable que estén pobremente educados, que tengan bajos salarios, y que estén desempleados. En contraste, de acuerdo con Sara Silvestri, un científico social en la Universidad de Cambridge, en Gran Bretaña, donde se otorga la ciudadanía a todo inmigrante que califique, los turcos se adaptaron al estilo de vida británico, hablan un inglés correcto, y están involucrados en la sociedad civil.

Los alemanes aprendieron de sus errores y hace un poco más de una década reformaron sus leyes de inmigración y otorgaron completa ciudadanía a sus trabajadores inmigrantes que calificaron. Oro porque nuestros políticos también aprendan de los errores del pasado y eviten marginizar a más de 10 millones de personas al ofrecerles solamente un estatus de residentes de segunda clase en los EE.UU.

Completa ciudadanía es un honor y una tradición que no debe ser negada a ningún inmigrante que califique en nuestro país. El calificar para la ciudadanía debe ser parte de nuestra herencia como una nación de inmigrantes y no un nuevo esquema de diseño artificial marcado por sus restricciones. Específicamente, los aplicantes deben pasar una prueba de civismo e historia, asi como mostrar cierto dominio del idioma inglés y un buen carácter moral. Aprender sobre la historia de nuestro país y forma de gobierno es de importancia vital para motivarlos a participar en nuestra democracia, no como modo de castigo.

Como dijo el Presidente Obama en su más reciente Estado de la Unión: “Somos ciudadanos. Es una palabra que no simplemente describe nuestra nacionalidad o estatus legal. Describe nuestro modo de ser. Describe aquello en lo que creemos.”

The need for a true Comprehensive Immigration Reform (CIR)

We are witnessing the most robust debate in more than a generation on how to reform our antiquated immigration laws to meet the demands of our twenty-first century economic and security needs. In coming up with a broad framework for this comprehensive legislation, we must stand firm against ideologies that do not serve our national interests.

To provide true reform, there must not only be a pathway to citizenship for the undocumented, but such a pathway must be free of any unnecessary obstacles, such as getting stuck in a newly created “status” for undocumented individuals before being eligible to receive legal permanent status which is counterproductive. Clearly our government must be able to conduct background checks to weed out criminals, but once that is done, the next logical step is permanent residency which in turn must give way to full citizenship. Under current law, this waiting period is usually five years. Anything short of this will result in failure.

We have already experimented with laws that provide less than full citizenship to foreign workers. The “bracero” program of the late ‘50s recruited a record number of laborers from Mexico. Just through El Paso alone, over 80,000 braceros arrived in Texas on an annual basis. Within a few short years however, the program failed. By 1964, there had been numerous reports of underpaid, overworked, harassed workers which led the officials at the U.S. Department of Labor to refer to the program as “legalized slavery.”

Another example of such failed policy occurred in “post-war” Germany. According to the Berlin Institute for Population and Development, approximately 3 million Turkish immigrants living in Germany who were unable to achieve full German citizenship are now less effectively integrated than other immigrant groups, and thus are more likely to be poorly educated, underpaid, and unemployed. In contrast, according to Sara Silvestri, a social scientist at the University of Cambridge, in the U.K. where full citizenship was granted to all qualified immigrants, Turks adapted to the British lifestyle, became fluent in English, and became involved in civil society.
The Germans learned from their mistake and over a decade ago reformed their immigration laws and provided full citizenship to their qualified migrant workers. I pray that our politicians also learn from past missteps and avoid marginalizing over 10 million individuals by only offering them an effectively permanent second class status in America.

Full citizenship is an honor and a tradition that must not be denied to any qualified immigrant in our country. Qualifications for becoming a citizen must be rooted in our heritage as a nation of immigrants and not in some newly designed artificial scheme being concocted by the restrictionists. Specifically, applicants must be able to pass a civics and history test, as well as show proficiency in English and show good moral character. Learning about our nation’s history and form of government is a vitally important way to encourage them to participate in our democracy, not a means for punishment.

As President Obama said in his State of the Union address: “We are citizens. It’s a word that doesn’t just describe our nationality or legal status. It describes the way we’re made. It describes what we believe.”

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