Pedro, un Sentimiento Verdadero

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Recuerdo bien aquella tarde en que un grupo de amigos había organizado una fiesta sorpresa, para celebrar mis 18 años. En la recepción había de todo; la buena música no podía faltar. Y esa tarde sucedió algo que significaría un gran cambio en mi vida.

ensuenos1Hasta ese momento no me había dado cuenta de la posibilidad de tener alguna inclinación hacia alguien de mi mismo sexo. Si bien alguna vez lo había pensado nunca le había puesto atención al asunto. En ese entonces gozaba de popularidad hacia el sexo opuesto y me consideraba sexualmente activo.
Cuando me presentaron a Pedro, sentí algo diferente al estrechar su mano. No podría explicar pero hubo algo en ese contacto que me hizo estremecer repentinamente, mas no le quise dar importancia.

La fiesta continuó hasta altas horas de la noche, pero en más de una ocasión me descubrí con la mirada fija en Pedro y él parecía no darse cuenta, aunque me emocionaba el hecho de que cuando hablaba conmigo sonreía abiertamente y su boca de gruesos labios se iluminaba con la blancura de sus dientes. Todo me gustaba de él, sus gestos, sus ademanes tan masculinos, su forma de bailar y sobre todo cuando se acercaba a hablar conmigo me contagiaba con su espíritu jovial y abierto.

Pronto me di cuenta que había tantas cosas que nos identificaban. A los dos nos gustaba el deporte, principalmente nadar, correr y el gimnasio, y eso nos mantenía en buena forma, solo que él parecía llevarme ventaja pues la naturaleza lo había dotado con un cuerpo alto de más de 6 pies, un rostro de mirada profunda, nariz perfecta enmarcada por unos pómulos que resaltaban su herencia latina. Cuando dieron las 4 de la mañana ya casi todos se habían marchado. Pedro fue de los últimos en irse y cuando llegó el momento de la despedida sentí temor. Algo en mi interior me decía que quería volver a verlo. Para fortuna, él tenía los mismos planes así que intercambiamos teléfonos y quedamos de vernos unos días después.

Él estudiaba la carrera de Contabilidad y Administración de Empresas en el Instituto Politécnico Nacional de la Ciudad de México, pero los fines de semana y en las vacaciones regresaba a Pachuca, a casa de sus padres.
Yo, en cambio, recién había comenzado mis clases en la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma de Hidalgo, y fue allí donde empezó a buscarme. Apenas finalizaba la segunda clase de la mañana y ya estaba en la esquina esperándome. Después nos íbamos al Centro Deportivo Universitario donde nadábamos un rato.
Fue allí donde por primera vez pude admirar su cuerpo completamente desnudo bajo la regadera.

Más de una ocasión me sorprendí admirando su cuerpo; supuse que era normal pues había escuchado aquello de que todo hombre, por muy masculino que se considere siempre gusta de ver a otros para la consabida comparación; sin embargo no podía negar que había algo más que curiosidad de hombre.
Aquella mañana habíamos hecho más ejercicio de lo acostumbrado, después de nadar por un buen rato, nos fuimos a correr y acabamos en el gimnasio. No cabía duda que cada día admiraba más a Pedro. Sin siquiera saberlo se estaba volviendo indispensable en mi vida.

Cuando llegó el momento de entrar a las regaderas me sentí incómodo: debido a las continuas descargas de adrenalina al hacer ejercicio, y la actividad hormonal propia de la juventud me vi de pronto con una erección evidente muy difícil de ocultar y no supe qué pretexto inventar para no tener que bañarme frente a él. Pero no hubo excusa válida y con un esfuerzo sobrehumano me quité rápidamente la ropa y me metí bajo el chorro de agua fría. Cuando tuve el valor de voltear a donde estaba Pedro me sentí vulnerable ante su mirada; era obvio que se había dado cuenta de lo que me pasaba y parecía disfrutar de mi turbación, mientras yo hubiera preferido alejarme de inmediato, pero me contuve al descubrir que como si le hubiese transmitido mi excitación algo por allá abajo comenzaba a crecer, pero más me llamó la atención el tamaño que estaba adquiriendo su miembro. Para entonces no recordaba haber visto otra erección más que la mía y me pareció interesante poder apreciar otro ángulo.

Nos quedamos sin palabras, parecía que nuestros cuerpos se comunicaban y así, al compás de la caída del agua al golpear el piso, nos vimos envueltos en un trance y nos dejamos llevar por nuestros cuerpos. Con el jabón en las manos comencé a recorrer mi cuerpo de arriba abajo, poniendo especial interés en la zona erógena. Pedro por su parte hacía lo mismo, imitando mis movimientos. Nuestros miembros permanecían rígidos y saltaban a cada roce de nuestras manos.

Comencé a temblar, no sabía si de gusto o de temor, sin embargo seguí prodigando caricias a mi cuerpo, con la ayuda del jabón para hacerlo parecer casual. Cuando él comenzó a jugar con sus pezones, yo hice lo mismo, pero mi vista regresaba una y otra vez a esa candente columna entre sus piernas. No supe por qué me asaltó la idea de tocarlo, pero me contuve; entonces apreté con fuerza mi miembro y cínicamente comencé a jalarlo. Ya no había vuelta de hoja, quizás estaba arriesgando demasiado pero mi calentura era más fuerte. Me animó el hecho de que Pedro seguía todos mis movimientos y también aprisionaba en sus manos su mástil de hierro que parecía crecer a cada apretón que le daba.

Extasiado contemplaba la belleza de su pene, rígido, poco más oscuro que el resto de su cuerpo, recubierto apenas por un prepucio que resbalaba con cada caricia y descubría una palpitante cabeza en forma de hongo que se notaba a punto de explotar. El tronco adornado por venas que recorrían desde la punta hasta la base, y como marco por encima un nido de abundante y fino vello, y por debajo dos cuerpos ovalados encerrados en una bolsa de piel sedosa que se antojaba palpar. Nuestros movimientos se tornaron rápidos y agresivos. Los músculos de mi cuerpo se tensaron al máximo, pero hice un esfuerzo por esperar para llegar juntos al orgasmo, y así sucedió. Un gemido apenas audible que brotó de la garganta de Pedro fue la señal que esperaba para dejarme llevar y en medio de espasmos continuos sentí como de mi interior brotó una descarga de lava caliente acompañada de un calor intenso que recorrió todo mi cuerpo, al tiempo que veía como un chorro de ese líquido se entrecruzó con la descarga producto de la erupción que Pedro experimentaba.

Al cabo de unos minutos bajo el agua de la regadera regresamos a la realidad de forma abrupta; con gran nerviosismo procedimos a secarnos y vestirnos inmediatamente. No atinamos a decir palabra alguna y nos despedimos con la promesa de vernos al siguiente día.

El resto de la tarde me sentía confundido pensando en lo que había pasado, sin poder concentrarme en la clase. Al caer la noche me apresuré a llegar a mi casa y me encerré en mi cuarto. Me quedé dormido abrazado a mi almohada, no quise pensar mucho en lo acontecido pero ya estaba sembrada la semilla de la duda y pronto viviría otras situaciones igual de exitantes.

Pedro, a True Emotion

I clearly recall that evening when a group of friends organized a surprise party to celebrate my 18 birthday. They have everything in the reunion, including good music, food and drinks. But something happened that day that represented a big change in my life.

Until then I never really thought of the possibility of being attracted to someone of my same sex. Or at least I never gave any attention to the subject. At the time I was very popular between the opposite sex, considered sexually active.

When I first meet Pedro, I felt something different when I shake his hand. I couldn’t explain why, but there was something in that contact that make feel nervous, but didn’t want to think about it too much.

The party lasted until very late that night, and I caught myself gazing continuously at Pedro, and he didn’t seem to be interested, but I was attracted to his big smile every time he talked.

I liked everything about him, his gestures, his very masculine movements, the way he danced, and every time he came to talk to me he make me feel as enthusiastic and happy as him.

I found out we had a lot things in common. We both liked sports, specially swimming, jogging, and the gym, and we were both in good shape, but he was well over six foot, with the ideal built, piercing eyes, perfect nose enhanced by prominent cheek bones product of his Latin genes.

Almost everyone was gone by 4 am, and when Pedro decide to leave, I was afraid that will be the last time I saw him, but didn’t happen, he asked for my number and gave me his.

He was taking Business Administration classes at the Instituto Politecnico Nacional in Mexico City, but on the weekends and during vacations he went back to his parents house in Pachuca, Hidalgo.

I had just started Human Medicine at the Universidad Autonoma de Hidalgo, and that’s were he went to look for me. Right after the second morning class he will be at the corner of the building waiting for me. Then we will go to the Centro Deportivo Universitario (Sports Center) where we did some swimming.

That’s where I saw for the first time his naked body under the shower. In more than one occasion I caught myself admiring his body, but I thought it was natural, since I had hear that all men are curious about someone else’s size; but I knew that mine was something else besides what’s call penis envy.

That morning we did some extra work out, after doing some laps at the pool, we did some jogging and ended up in the gym. I started to get used to Pedro and secretly admiring him. When it was time to hit the showers I felt embarrassed, due the hard work out and the hormonal activity inherent to being young I had an erection impossible to hide, and my first thought was not to take a shower, but couldn’t find any valid excuse, so I took my clothes off and ran under the shower hoping the cold water will get me relaxed. When I turned around, I discover that Pedro noticed my hard-on and seemed to like it. My first reaction was to run, but I stopped when I noticed something growing between his legs, but what caught my attention was the size that the column was getting. That was the first time I saw another male’s member besides mine.

We were speechless, our bodies were telling what our words couldn’t, and drawn in by the noise of the water hitting the floor, we let our sensations take over our bodies. I had the soap on my hands and applied a lather on my body giving more attention to the erogenous zone. Pedro followed my example touching himself. Our shafts were rock hard and jumped to the touch of our hands.

I started trembling, and continue caressing my body, using the soap as an excuse. When he started to pinch his nipples, I did the same, but my eyes kept staring at that fleshy tool. I wanted to touch it, but controlled myself, then I squeezed my engorged rod and started to pull it. There were no more doubts about it, I was putting our friendship on risk but my horniness was taking over. To my delight Pedro kept following every move I made and took hold of his pole too, that had grown to the maximum, almost about to explode.

I was in ecstasy staring at his penis, hard, slightly darker than the rest of his body, covered with a foreskin that pull back with every stroke, unveiling an engorged mushroom shaped head. The shaft was enhanced by the veins traveling along from the tip to the base; a very thick nest of pubic hair and two egg shaped balls wrapped by silky skin that invited to the touch. Our moves starter to accelerate. The muscles of our bodies become rigid, and I tried my best to hold it so we both can reach the climax together, and it happened.

A low moan escaped from his throat and that was the signal I was waiting for, to let myself go. Trapped in continuous spasms I felt how from my insides a big load of hot lava started to flow copiously, crossing the path that his own load was taking.

After a few minutes under the water we abruptly came back to reality; nervously we proceed to dry off and got dressed immediately. We couldn’t say a word, and left with the promises of meet the day after.

I spent the rest of the evening confused, thinking of what just had happened, unable to concentrate on the rest of my evening classes. When I got home that night I went straight to my room. I fall asleep hugging my pillow, didn’t want to think too much about it but started to have some doubts.
Soon after, we got involved in other hot situations.

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