Sigue siendo misterio el desaparecimiento de las abejas

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DiálogoEcológico
De los Redactores de E/La Revista Ecológica

Querido DiálogoEcológico: No hace mucho tiempo había mucha preocupación acerca de la desaparición de las abejas. ¿Están todavía desapareciendo las abejas, y en la afirmativa, sabemos por qué y tenemos alguna solución?

— David, Grand Rapids, MI

Rainer Hungershausen, courtesy Flickr

Rainer Hungershausen, courtesy Flickr

El tema de la desaparición de las abejas mieleras emergió primero en 2004 y para la primavera de 2007 estaba por todas partes en las noticias. Miles de apicultores comerciales a través de EE.UU. y el exterior informaban que a veces tanto como dos tercios de sus abejas de miel abandonaban sus colmenas, para nunca regresar. Lo que hacía el problema—bautizado “Desorden de Desplome de Colonia” (CCD)—tan excepcional es que la mayoría de los traumas a las colonias de abejas dejan abejas muertas en o alrededor de sus colmenas, no una misteriosa y total desaparición.

Más curioso aún, no había evidencia concreta que señalase enfermedad, rapiña o ácaros que tienden a atacar las colmenas de abeja. Algunos apicultores informaron que polillas, diversos animales y otras abejas evitaban los nidos recientemente abandonados, llevando a especular que una contaminación química debida al uso común de pesticidas quizás podría ser el agente culpable. Pero no se encontró ningún revolver humeante y el misterio no se ha resuelto hasta la fecha.

Según el Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de los EE.UU. (ARS), que convocó el año pasado un comité multi-agencia para evaluar el problema y encontrar soluciones, varios factores se podrían estar combinando para causar CCD. “Los pesticidas pueden estar teniendo efectos negativos inesperados en las abejas de miel,” informa el ARS, agregando que parásitos todavía desconocidos, patógenos o virus también podrían estar haciendo daño a las colonias de abejas. Los estudios también han indicado que el manejo deficiente de poblaciones comerciales de abejas mieleras—inclusive dieta inadecuada y transporte de larga distancia—puede jugar un papel.

En un estudio, los investigadores de la Universidad de Columbia aislaron la presencia de un virus—el llamado Virus Agudo de Parálisis Israelí—en más del 96 por ciento de las colmenas estudiadas que fueron afectados por CCD. Otros estudios señalan al uso generalizado de Imidacloprid, una sustancia química común para control de larvas utilizada en céspedes y granjas y que ya ha sido prohibido en Francia debido a su efecto supuesto en abejas. Pero encontrar una sola causa de CCD parece improbable, y los investigadores de ARS señalan la posibilidad de “una tormenta perfecta de estreses existentes” debilitando las colonias al punto de desplome: “El estrés…compromete el sistema inmunológico de las abejas…y puede interrumpir su sistema social, haciendo las colonias más susceptibles a la enfermedad”.

Pero no importa cual sea la causa, el CCD sigue siendo una amenaza verdadera a la agricultura. Cerca de la tercera parte de toda la producción agrícola norteamericana depende de los esfuerzos de polinización de las abejas criadas para uso comercial. Aunque diversificar la existencia de insectos polinizadores más allá de sólo una especie de abeja de miel ciertamente representarían un paso en la dirección correcta, barajando de nuevo el sistema agrícola de la nación no es cosa sencilla.

No es sorprendente quizás, que los apicultores orgánicos no hayan experimentado CCD, llevando a especular que las prácticas más ecológicamente cuerdas de manejo de las colonias podrían ser la respuesta al CCD aunque no se pueda acertar sus causas exactas. Mientras tanto, los esfuerzos para modificar genéticamente las abejas para que sean resistentes a depredadores y patógenos también podrían ser fructíferos, aunque tales soluciones altamente técnicas todavía no se han probado y podrían implicar meterse en un lio.

CONTACTOS: USDA Agricultural Research Service, www.ars.usda.gov; CCD Steering Committee Q&A, www.ars.usda.gov/is/br/ccd.

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Disappearing honey bees still a mystery.

EarthTalk®
From the Editors of E/The Environmental Magazine

Dear EarthTalk: Not long ago there were concerns about honey bees disappearing. Are the bees still disappearing, and if so do we know why and do we have a solution?

— David, Grand Rapids, MI

The topic of disappearing honey bees first cropped up in 2004 and by the spring of 2007 was all over the news. Thousands of commercial beekeepers across the U.S. and beyond were reporting in some cases that as many as two-thirds of their honey bees were flying away from their hives, never to return. What made the problem—dubbed “Colony Collapse Disorder” (CCD)—so unusual is that most traumas to bee colonies leaves bees dead in or around their hives, not mysteriously gone altogether.

Strangely enough, there was no concrete evidence pointing to disease or predation or of mites that tend to attack bee hives. Some beekeepers reported that moths, animals and other bees were steering clear of the newly empty nests, leading to speculation that chemical contamination due to widespread use of pesticides might be to blame. But no smoking gun emerged and the mystery remains today.

According to the U.S. Department of Agriculture’s Agricultural Research Service (ARS), which last year convened a multi-agency steering committee to assess the problem and find solutions, several factors could be combining to cause CCD. “Pesticides may be having unexpected negative effects on honey bees,” reports ARS, adding that as yet unknown parasites, pathogens or viruses could also be wreaking havoc on bee colonies. Studies have also indicated that poor management of populations of commercial honey bees—including inadequate diet and long distance transportation—may play a role.

In one study, researchers from Columbia University isolated the presence of a virus—the so-called Israeli Acute Paralysis Virus—in upwards of 96 percent of the hives studied that were affected by CCD. Other studies point to widespread use of Imidacloprid, a common grub-control chemical used on lawns and farms and which has already been banned in France due to its alleged effect on bees. But finding a single cause of CCD seems unlikely, and ARS researchers point to the possibility of “a perfect storm of existing stresses” weakening colonies to the point of collapse: “Stress…compromises the immune system of bees…and may disrupt their social system, making colonies more susceptible to disease.”

Whatever the cause, CCD remains a real threat to agriculture. About a third of all American farm production is dependent upon the pollination efforts of commercially-raised honey bees. While diversifying the stock of insect pollinators beyond just one species of honey bee would certainly represent a step in the right direction, re-jiggering the nation’s agricultural system represents no small challenge.

Not surprisingly perhaps, organic beekeepers have not experienced CCD, leading to speculation that overall greener management practices could be the answer even if direct causes are not determined. Meanwhile, efforts to genetically modify bees that are resistant to predators and pathogens could also prove fruitful, although such high tech solutions are still untested and could open up other cans of worms.

CONTACTS: USDA Agricultural Research Service, www.ars.usda.gov; CCD Steering Committee Q&A, www.ars.usda.gov/is/br/ccd.

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