ENTERTAINMENT

LAS REALIZACIONES QUE VIVEN CON LOS AÑOS

Por: Mostro Vacci
Photo: Pavol Stredansky | Dreamstime.com

La vida al parecer es una constante búsqueda de identidad. Conforme pasan los años, vamos modificando las ideas que tenemos del mundo, su gente e incluso de nosotros mismos. Resulta que las cosas que nos causaban tanto conflicto cuando somos jóvenes terminan siendo cosas completamente irrelevantes que cuando las recordamos no podemos evitar voltear los ojos con desacato al pensar en todo el tiempo que perdimos en tal o cual drama que al final de cuentas no tuvo impacto alguno en nuestra vida.

No puedo evitar recordar aquellos tiempos, allá por 1903, cuando yo era un chico joven y bello, que pensaba que la música era lo máximo. Era cuestión de vida o muerte si lograba comprarme el cassette o el CD de mis artistas preferidos porque el no estar escuchando constantemente canciones de amor perdido, guerra y otras cosas mundanas que en mi corta vida ni siquiera había experimentado era de vital importancia. ¿Y por qué no iba a serlo? Si en las letras de esas canciones se definía la vida misma y lograban expresar a detalle lo que mi corazón sentía. Me identificaba con la rareza de sus letras, con la potencia de sus voces y con el dolor de su interpretación. De hecho, con sus melodías lograban darle sentido al desorden de emociones que habitaban en mi cabeza y en mi alma. Era la mejor forma de expresarme y de conectarme emocionalmente con otros seres humanos que me transmitían sus ideas y sentires con letras plasmadas en lugares lejanos. Era la única forma que me sentía escuchado y expresado.

Ya llegando a mis veintes, pasó lo mismo con los libros y las películas. Como ya era todo un adulto, creía que la mejor forma de avanzar en la cadena alimenticia era leyendo todo y cargando mis neuronas de conocimiento ajeno. Resulta que estar repitiendo los textos como perico pidiendo una galletita es la forma más interesante de verte ignorante y sentirte lo más inteligente porque suenas muy elocuente mientras hablas porque tienes la boca llena de palabas ajenas pero la cabeza vacía de ideas ´propias. Lo más triste es que hay gente que se lleva toda la vida pensando que esa es la única forma de demostrar conocimiento y cultura.

Creo honestamente que esa etapa fue la más interesante. Esa transición entre joven y adulto resulta que fue la que más cambios tuvo porque estaba atrapado entre dejar de ser un chamaco y querer empezar a jugar a ser adulto. Es cuando el peso de las responsabilidades puede ser aplastante porque es cuando las redes de seguridad de tus padres se retira y uno empieza a luchar por su lugar en el mundo y empieza uno a decidir qué tipo de adulto vas a ser. Y creía que la adolescencia era difícil. Es cuando los cambios dejan de ser físicos y empieza a moldearse la mente. Grandes cambios.

Llegando los treintas al parecer se prende un foco en tu mente. Te das cuenta de que muchas cosas son importantes como los legados, la estabilidad económica y esas cosas juveniles como los antros y el estar de fiesta cada fin de semana tienden a ser menos atractivos. Ahora lo que quieres es estabilidad emocional, económica, mental. Es hora de dedicarle tu tiempo y energía a avanzar en el trabajo y cumplir las metas que no te has propuesto lograr hasta ahorita. Es el mejor tiempo de tu vida porque ya tienes muchas libertades que nunca conociste y aparte tienes el dinero para probar muchas, muchas cosas nuevas. Si eres soltero, es el momento de estar buscando algo más serio que quizá se pueda convertir en algo más profundo y trascendente. Ya los días de ligue vacíos y fatuos han quedado en el pasado. Es hora de encontrar alguien que te acompañe en esas grandes aventuras de adulto y que quiera empezar a formar un verdadero futuro a tu lado. Hora de ser adulto en vez de solo jugar a serlo.

Y luego, llegan los cuarenta. Tu mente dice que se siente de veinte, pero tu cuerpo asegura que tienes sesenta y cinco. Todo te empieza a doler y honestamente la mayoría de las cosas te deja de importar. El estar rodeado de amigos te parece algo irracional e infantil. El estar en una fiesta te aturde y el desvelarte una noche significa dos días enteros para medio recuperarte. Todo te molesta y hasta ver una película de terror te hace descubrir que le vas más al asesino que a los adolescentes. Eso les pasa por andar entranto en la propiedad ajena, chamacos malcriados.

El guardar las apariencias te importa muy poco, ahora lo que quieres es estar en paz contigo mismo, dormir lo más que puedas y ver una buena película en tu casa para no estar aguantando a idiotas en el cine que te patean el asiento, ni patanes que se la pasan gritando, ni a cretinos que avientan cosas y deciden prender un cigarro a media película. No ocupas estar aguantando a niños ajenos ni a padres inmaduros que defienden a sus principitos en vez de educarlos y no ocupas estar pidiendo disculpas por lo que deseas ni dando explicaciones por lo que haces. Es el momento en el que decides vivir por ti y al diablo con el resto del mundo.

Lo que más he aprendido en este tiempo es que a los 16 ya sabía todo, era un adulto completo que ya estaba listo para la vida. Y a los veinte descubrí que a los 16 era un idiota. Luego cumplí los treinta y me dí cuenta lo ignorante que era a los veinte, pero ya era un adulto y ahora sí estaba preparado para enfrentar al mundo con todos sus retos. Y luego cumplí los cuarenta y descubrí lo idiota que estaba a los treinta. Ahora caigo en cuenta que no sabía nada y que la vida estaba riéndose de mí, junto con toda la gente que escuchaba mis delirios de adultez. Honestamente me da miedo descubrir lo que voy a aprender cuando cumpla los cincuenta, creo que mi nivel de idiotez no tendrá paralelos a estas alturas. Creo honestamente que hasta será algo cómico.

Si algo tiene el ser humano es la capacidad de aprender y evolucionar. Afortunadamente, somos seres que crecen y cambian conforme van avanzando por el camino. Y aunque siempre habemos aquellos que nos rehusamos a aprender cosas nuevas, ya cuando estamos repitiendo la misma triste historia, tenemos la opornutidad nuevamente de ver el error de nuestras decisiones. Si no lo hacemos, pues a dar vueltas por el bosque hasta que la bruja de Blair acabe con nosotros.

De nosotros depende si logramos avanzar al siguiente nivel o nos morimos luchando contra el tiempo por mantener las cosas iguales. Vive o muere, haz tu elección.

Y ustedes, darlings, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven.

Saludos afectuosos.
Mostro.