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CUANDO EL UNIVERSO ESTÁ PROBANDO TU PACIENCIA…

Por: Mostro Vacci
Photo: Andrii Yalanskyi | Dreamstime.com

Hay momentos en la vida donde se presenta la opulencia. Uno gana bien y se compra todo lo que se le antoja. La suerte parece estar de tu lado, el amor te sonríe y la vida es algo maravilloso. Todo cae en su lugar y la vida es como debe de ser. Es el resultado de ser una buena persona y de llevar una existencia tranquila y sin dramas. Las vacas están gordas y sanas. La vida es buena.

En esos momentos uno siente una tranquilidad incomparable. Sientes que todo se acomoda de manera que fluye de manera natural y sobre todo, que siempre va a ser así. Es el momento donde uno más se relaja y disfruta esos momentos de abundancia y estabilidad. Es cuando todos los semáforos están en verde, cuando uno compra el boleto ganador de la rifa y cuando vive uno su mejor momento, es cuando tenemos todo a nuestro favor y nos sentimos invencibles, intocables e inquebrantables.

Y de repente, como si fuera el agua, la fuente de la abundancia y la prosperidad se seca y las vacas empiezan a sentir el hambre. Uno tiene un poco de reserva, por lo tanto no hay problema. Si se tiene que empezar de nuevo, se empieza y ya, al cabo que uno tiene la energía suficiente y los ánimos para reiniciar cualquier cosa. Uno sigue positivo, ya que no olvida que es indestructible al final de cuentas. Uno busca la manera y sabe en su corazón que las cosas siempre van a mejorar pronto, solo es cuestión de tener paciencia y de trabajar duro. Todo va a estar bien.

Y de repente, las vacas enflacan y parecen más sacos de huesos caníbales que de la desesperación empiezan a comerse entre sí mismas. El dinero se acaba y las posibilidades de conseguir más quedan como un vestigio del pasado. Por más que trabaja y le echa ganas uno, le estabilidad económica te elude como si tuvieras la peste bubónica y las posibilidades de conseguir más trabajos se van reduciendo porque ya la mayoría de las empresas no te contratan, ya sea por la edad, los problemas de salud que tienes (generalmente como resultado de tanto trabajar en el pasado) o porque ya simplemente no tienes la energía de antes y ya no aguantas dos turnos completos en un solo día. De hecho, al final del primer turno a estas alturas te sientes tan cansado que te dan ganas de llorar de alegría solo por haber sobrevivido un turno más, especialmente si tienes un trabajo espantoso que parece empreñarse en drenar lo que queda de tu alma y tus ganas de vivir.

Ese es el momento donde empiezas a cuestionar tu salud mental. Cuando te preguntas si todo ha valido la pena y sobre todo, te cuestionas cómo le hacías antes para tener tan buena actitud ante las adversidades si ahora sientes que cualquier cosa te orilla a salir corriendo y gritando hacia las calles con la ropa toda rasgada y manchada de lodo seco. Es el momento donde si tuvieras pelo, te lo estarías jalando y cuando tu salud mental se convierte en un hilo viejo que está a punto de romperse y de dejar caer lo que queda de tu mente al oscuro abismo que constantemente está amenazando en consumirte.

Ya solo queda una que otra vaca famélica que ronda los campos secos y te mira con ojos delirantes rogando por beber una solo gota de agua. Al parecer el universo se divierte bastante probando qué tanto puede estirar la liga antes de que esta reviente y le pegue en el ojo. Sigues caminando, pero casi casi por inercia sin esperar en realidad llegar a algún lado. Dicen que estos momentos son los mejores para aprender las duras lecciones de la vida, pero estas tan agotado que difícilmente encuentras la energía para respirar lo suficiente para emitir un quejido que exprese tu profunda frustración y desesperanza.

Es muy fácil en esos momentos considerar la idea de darse por vencido. Nunca es tan atractiva la idea de tirar la toalla y dejar todo atrás como cuando uno se encuentra en una situación difícil, sobre todo cuando estas parecen tener amiguitas qué invitar que les gusta complicar más una situación que ya de por sí está difícil. Es la clásica historia de que cuando traes una uña enterrada, todo el mundo parece tener una necesidad incontrolable de pisarte ese pie en particular. La ironía no se me escapa. Al parecer el universo, Dios o como le quieras llamar tiene sentido del humor, y siempre, siempre es a nuestras expensas.

Pero honestamente, por más difícil que se han puesto las circunstancias, al final de cuentas siempre termina uno saliendo victorioso. Cuando llega ese momento donde estas en el piso rogando por piedad y gritando Jumanji a ver si todo lo malo desaparece, de repente las cosas se arreglan y parecen mejorar, casi de un momento a otro. Empieza de nuevo la prosperidad y la felicidad. El dinero llega y sale uno de las broncas y las famosas vacas famélicas empiezan a engordad a tal grado que hasta llegaron unas nuevas… hasta que uno se siente confiado y ¡pas! Cae de nuevo la dificultad.

Es parte de lo que hace que la vida sea interesante. Curiosamente uno no aprende tan profundamente cuando se encuentra en su mejor momento, sino que cuando los distractores se van es cuando uno empieza a poner atención de lo que una vez tuvo y lo que ya vio perdido. Es en el fondo del abismo, en esa perpetua oscuridad física y emocional donde uno se encuentra consigo mismo y descubre de lo que está hecho y su verdadera esencia. También cuando uno se encuentra en sus peores momentos es cuando descubre quiénes son sus amigos y aliados, es cuando una pareja mala te deja por mejores lugares donde pastar y los falsos amigos se alejan, porque no tienes nada que necesitan, por lo tanto no vales nada para ellos. Pero eso sí, cuando uno prospera y hace algo se sí mismo, aparecen de la nada y te dicen que siempre creyeron en ti y que te extrañan. Ya de ti depende si los dejas entrar en tu vida de nuevo. Yo paso.

Porque cuando he estado sumido en la desesperación y la soledad, muy pocas personas han estado a mi lado, pero las que se han quedado sentadas conmigo mientras lloro y vivo mi momento de debilidad son las que más he amado porque me soportaron en mi peor momento, por lo tanto, se merecen lo mejor de mí cuando tengo las posibilidades de dárselos. Serán las personas que amaré hasta que ya no exista.

En la vida lo barato sale caro, si tratas a la gente como sientes que vale, te tratarán como los haces sentir.

Y ustedes darlings, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.
Mostro.