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Mi Mejor Pieza de Arte

Aquella tarde como tantas otras, veía continuamente el reloj, deseando que el tiempo pasara más rápido y llegara la hora de volver a ver a Mario. Hacía días que iba a mi departamento y posaba para una de mis pinturas.

Lo conocí en una de mis exhibiciones y se mostró interesado en mi trabajo. A mí me encantó desde un principio; así que le di más atención de lo acostumbrado.

Cuando le pregunté si le gustaría posar para mí, abrió los ojos asombrado; me preguntó que si estaba bromeando. Me dijo que sí le gustaría hacerlo, pues le gustaba mi trabajo.

La velada continuó y entre más conocía de Mario, más me sentía envuelto por su carisma. Su rostro se adornaba con una sonrisa que mostraba un velo de inocencia. Su mirada me tenía fascinado, y sus labios rojos y gruesos enmarcaban una fila de dientes muy blancos.

No cabía la menor duda, realmente quería a este muchacho para plasmar en lienzo su grácil figura.
La cita quedó arreglada; le di mi dirección y él prometió que acudiría. Y así lo hizo, al otro día se presentó puntual a mi departamento.
Me cautivó su ingenuidad al irse despojando de sus ropas. Para darle confianza me puse a sacar el material para la obra, e hice como que no le ponía mucha atención, pero le hacía plática continuamente para que se relajara.

De reojo pude notar cómo se ruborizó cuando, al quedar completamente desnudo, sufrió una repentina erección. Quiso cubrirse con las manos pero fue inútil; mientras yo parecía seguir absorto en la preparación del material, y eso le dio más confianza. Me parecía fascinante que un muchacho de su edad (me dijo que tenía 25 años) se mostrara tan tímido e inseguro, pero a la vez decidido a continuar con el proyecto.

Cuando llegó el momento de comenzar el dibujo, no pude ocultar mi turbación; Mario era en realidad una belleza completa. A pesar de ser bajo de estatura y delgado cada músculo en su cuerpo formaba unas líneas de definición que se me antojaba dibujar.

Poco a poco se fue despojando de su inhibición y comenzó a posar con soltura, mientras yo trataba de olvidarme de la atracción que me producía y me concentraba en pintar. Desde un principio me propuse evitar cualquier acercamiento con el modelo, por cuestiones profesionales, pero en este caso evitaba todo acercamiento porque me perturbaba.

En ocasiones Mario se daba cuenta y tomaba control de la situación. Al pasar de los días se notaba cada vez más seguro y cuando mostraba un signo de excitación ya no lo ocultaba sino más bien parecía disfrutarlo.
No supe qué hacer en aquella ocasión en que cerró sus ojos y comenzó a jugar con su miembro duro, parecía olvidarse de que no estaba solo. Pasaba su lengua por los labios entreabiertos, y con descaro mostraba la fogosidad que lo envolvía.

Tuve que hacer esfuerzos sobrehumanos para no acercarme y tomarlo en mis brazos, aunque parecía obvio que eso era lo que él quería. En las noches, cuando él se iba me quedaba frente al lienzo y repasaba cada línea de su cuerpo, me iba a dormir con su imagen en mi mente y a media noche despertaba con el deseo de auto-complacerme pensando en él.

Un cúmulo de sensaciones comenzaron a agobiarme, la obra estaba quedando perfecta pero se acercaba el momento de finalizarla y ello significaba que las visitas de Mario también cesarían.

Cuando esa tarde esperaba con ansia su llegada, sabía que era la última vez. Como de costumbre llegó puntual, se quitó la ropa y posó una vez más. Cuando di el último toque a mi pintura, sentí la emoción que me embarga al ver terminada mi obra. Le dije a Mario que era todo y me dispuse a pagarle por su servicio. Sin embargo él parecía no escuchar y continuaba con los ojos cerrados. Esta vez su miembro parecía más duro que de costumbre y unas gotas de miel lo cubrían haciéndolo más exquisito a la vista.

Sus labios murmuraban algo que no podía descifrar, hasta que escuché con asombro su plegaria.
-¿Hasta cuándo vas a ignorar mi deseo? ¿Por qué aparentas no notar cuánto te deseo?

No podía creerlo. De pronto comencé a temblar y no supe qué hacer. No era posible seguir ignorando.

Me fui acercando lentamente hasta que su cuerpo desnudo me atrajo hacia él. Lo atrapé en mis brazos y tomé ansioso los labios que él me ofrecía. Todo ese caudal de sensaciones se desbordó en un flujo continuo de exacerbación y deseo. Las ropas me estorbaron y él me ayudó a quitármelas. El calor de su cuerpo me quemaba, su aliento me embriagó y su pasión me envolvió. En ese momento dejó de existir el profesional para dar paso al ser hambriento de besos y caricias.

Mis manos fueron bajando por su espalda hasta llegar a un par de turgentes nalgas que se contrajeron con la caricia. Las tomé con ansia y comencé a acariciarlas. Poco a poco me fui abriendo paso por ese espacio ardiente y húmedo que se abría ante la invasión.

Nuestros miembros erectos cobraban vida propia con los movimientos continuos de nuestros cuerpos.

Al poco rato se colocó de espalda contra mí, separando sus piernas en una invitación directa al paraíso. Me apresuré a buscar un condón y colocármelo, para enseguida tomar posesión de su preciada ofrenda.

El calor que envolvió mi miembro al traspasar el umbral hacia su interior se extendió a todo mi cuerpo. Nuestros corazones latían al compás acelerado de nuestra respiración. Una de sus manos jugaba con su pezón, mientras la otra sacudía con intensidad su miembro, al tiempo que su cabeza descansaba sobre mi hombro izquierdo mientras que de su boca surgían gemidos de placer.

Mi cuerpo fue incapaz de soportar más tortura y comenzó una serie de convulsiones que acompañaron mi interminable orgasmo. La carga de electricidad que recorrió mi cuerpo se transmitió al suyo y su palpitante columna comenzó a emitir una descarga interminable de ardiente líquido. Nuestros corazones parecían salirse de nuestro pecho y nuestros cuerpos se negaban a separarse.

La obra resultó todo un éxito, fue la favorita de la siguiente exhibición, mientras Mario continuó siendo mi fuente de inspiración por mucho tiempo.

Por Eduardo Ugalde

My Best Art Piece

That evening, like many others, I looked anxiously at the clock wishing that time went by faster, to be able to see Mario again. He began coming to my apartment to pose for one of my paintings. I meet him at one of my art shows, and he looked interested on my work. I liked him from the first time I saw him and I gave him more attention than what I usually do.

When I asked him if he would like to pose for me, he opened his eyes shocked. He asked me if I were joking. He answered that he would like to do it, because he liked my work.
As the evening continued, and the more I got to know Mario, the more I felt captured by his charm. His face had continuous smile that had a sign of innocence. His gaze had me fascinated. His thick and red lips framed a line of sparkling white teeth. I had no doubt that I really wanted to see this guy’s perfect figure painted on canvas.

We made a date. I gave him my address and he promised to come over. And he did. The next day he showed-up on time at my apartment. I was mesmerized by his shyness when he started to shed his clothes. To make him feel comfortable, I started to gather the materials for my painting and I acted like I wasn’t paying too much attention to him, but I kept the conversation going, so he could relax.

From the corner of my eye I noticed how he blushed when, completely nude, he sported an erection. He wanted to cover it with his hands, but didn’t succeed. I got busy getting my materials ready, and that seemed to give him some confidence. I couldn’t believe that a guy his age (he told me he was 25) still appeared shy and insecure, but he was determined to continue the project. When I started sketching, I couldn’t hide my excitement. Mario was a real male specimen. He had a small frame and slim figure, but every muscle of his body showed lines of definition that I wanted to draw. He slowly got rid of his shyness and started to pose with more freedom, while I tried to forget about my attraction towards him and I concentrated on painting.

From the beginning I was determined to avoid any contact with the model, for obvious professionalism. But especially this time I had to avoid getting close to him because I really felt absorbed by his presence. At times, Mario noticed that I started to take control. As the days went on, he showed more self-confidence, and whenever he got hard he didn’t try to hide it. Rather, he looked like he was enjoying it. I didn’t know what to do that day when he closed his eyes and started to play with his hard pole. He looked as if he had forgotten that he was not alone. He passed his tongue between his lips, and he openly showed the horniness that surrounded him.

I struggled to stay away from him, but he seemed to want that. Every night, when he was gone, I stood in front of the canvas and recalled every line of his body. Then I would go to bed and think about him, while I took care of myself. I started to feel confused, the painting was almost completed but that also meant that Mario’s visits were about to stop too.

That evening while waiting anxiously for him, I knew it could be the last time. He showed up punctually as usual, took off his clothes and posed one more time. When I gave the last brushstroke to the canvas I felt happy to see my piece of art completed. I told Mario that was it, and got ready to pay for his service. But he didn’t seem to listen and continued with his eyes closed. This time his member looked harder than usual, and some drops of honey covered it making it look exquisite.

His lips whispered something that I couldn’t here, until I heard him plead:
For how long you are going to ignore my desire? Why do you act like you haven’t noticed how much I want you? I couldn’t believe my ears. I started to shake and I didn’t know what to do. I couldn’t ignore it any longer. I walked towards him until his naked body embraced me. I trapped him in my arms and kiss anxiously the lips that he offered me. All that mass of sensations suddenly emerged. He helped me to get rid of my clothes. The heat from his body surrounded me. His breath captivated me and his passion wrapped me. I had to shed my professionalism and give way to the passionate being inside me.

My hands traveled down his spine until I reach his pair of hard buttocks that contracted to the touch. I caressed them intensely. Slowly, I started to find my way in the space hot and wet that responded to the invasion. Our throbbing tools came to life with the continuous movements of our bodies. He turned around and spread his legs, inviting me to visit his paradise. I found a condom and put it on, and took possession of his loved treasure.
The heat that embraced my hard meat when I invaded him rushed trough my whole body. Our heart beats emulated our agitated breathing. One of his hands pinched his nipple, and the other one played with great intensity his member, while his head rested on my left shoulder and moans of pleasure came from his mouth.

My body couldn’t take the torture any longer and started a series of convulsions that came with an endless orgasm. The electric current ran through my body and hit his body. His column started to shoot a copious amount of hot juice. Our hearts felt like they were bursting out of our chests and our bodies didn’t want to separate. The painting ended up been a complete success. It became the favorite at the art show, while Mario continued providing me inspiration for a long time.

By Eduardo Ugalde