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Siempre Serás el Villano en la Historia de Alguien

Por: Mostro Vacci
Photo by: Vlue | Dreamstime.com

Las historias siempre tienen tres versiones. La tuya, la de la otra persona y la verdad. Curiosamente nuestra versión es la que siempre nos pone en la mejor luz. Resulta que las cosas no son tan malas como parecen, el problema no es tan grande, los demás están peor que uno o simplemente nuestra participación varía dependiendo de lo que más nos conviene, o más bien dicho, lo que recordamos como la verdad absoluta. Obviamente siempre vamos a ser el héroe de nuestra propia historia, incluso cuando somos el patán, tendemos a ser menos malos cuando nosotros somos los narradores. El lobo siempre es feroz cuando lo cuenta Caperucita…

Por lo tanto, siempre vamos a ser el malo en la historia de alguien. No es posible evitarlo. El momento que convivimos con otras personas estamos compartiendo espacios e historias, así que va a haber momentos donde nos convertimos en el lobo. Desde ser el que le rompe el corazón a alguien en una épica historia de amor no correspondido hasta ser el patán que frena en la banqueta para checar el teléfono mientras le estorba a los que están tratando de pasar.

Definitivamente algo que nos cuenta mucho trabajo aprender y asimilar es el hecho de que no somos el protagonista en la historia de otras personas. Estamos tan acostumbrados a ver a través de nuestros propios ojos que muchas veces perdemos la perspectiva y creemos que el resto del mundo mira las cosas de la misma manera. Definitivamente no. Por algo dicen que cada cabeza es un mundo, porque cada experiencia es diferente y única, por eso mismo los hermanos son tan diferentes aunque vengan del mismo lugar, porque cada individuo tiene una experiencia distinta que hace que la forma de procesar las cosas varíe, es lo que nos hace individuos. Y definitivamente hay gente que no puede ver más allá de sí misma, por lo tanto, el resto del mundo es irrelevante.

Pero, ¿por qué será que nos cuesta tanto trabajo aceptar que somos el villano? ¿Acaso es tan difícil asumir la responsabilidad de nuestros actos y admitir que hicimos algo mal o simplemente nos gusta siempre vernos como el bueno del cuento? Creo que varía de persona en persona, pero definitivamente lo que la gente piense de nosotros siempre va a influir en lo que hacemos (por más que digamos que no nos importa). A veces nos horroriza tanto la idea de ser mal vistos que tendemos a mover la historia a nuestro favor a la hora de contarla.

Incluso hasta cuando somos la víctima de otras personas feas tendemos a manifestar poderes imaginarios como contestaciones maravillosas, reversos fantásticos, insultos poéticos y estrategias que pulverizan a nuestros enemigos y nos dejan victoriosos ante cualquier adversidad cuando sabemos perfectamente que la verdad siempre está justo debajo de la superficie. No es casualidad que cuando narramos algo, la persona tiene un tonito más golpeado, es más sarcástica o es menos inteligente que su versión original, ¿alguien dijo teléfono descompuesto?

El problema más grande es cuando comprendemos, generalmente a través de duras lecciones de la vida, que no, no somos el centro del universo y que el amanecer no comienza cuando abrimos los ojos. El mundo existe y somos parte de él. Importante, sí, pero no vital. Cuando dejamos de existir el mundo sigue, la gente avanza y el tiempo pasa y no hay nadie que pueda cambiar eso. Entonces, ¿por qué perdemos tanto tiempo queriendo ser protagonistas de la historia de otras personas cuando a veces si siquiera nos enfocamos en la nuestra?

Sería buena idea enfocarnos en limpiar nuestro propio patio para que la historia que contamos concuerde con la que contamos. La congruencia es una gran parte de llevar una vida agradable y tranquila. Ya si empezamos a enfocarnos en lo que otras personas quieren o necesitan de nosotros antes de lo que nosotros mismos ocupamos, entonces vamos a estarle dedicando toda nuestra energía a cosas que en realidad nunca van a estar dentro de nuestro control, total, nunca vamos a complacer a todos con lo que estemos haciendo simplemente porque eso es imposible, todos quieren algo diferente.

Y si vamos a ser el malo de la historia, hay que serlo y ya. No perdamos el tiempo tratando de editar las cosas para ser el bueno. A veces uno necesita ser malo y defenderse y a veces uno simplemente hace las cosas de manera incorrecta y comete errores. Es más humano aceptarlo y aprender de ellos que estar inventando maneras de hacerlas ver más favorables para nosotros. Tengamos en cuenta que hagamos lo que hagamos la gente va a creer lo que más le convenga y punto.

Equivocarse es normal, errar es humano, corregir es aprender y si no aprendemos de nuestros tropiezos, arriesgamos repetir los mismos contratiempos y no haber crecido como seres humanos. Dicen que el que no aprende de su pasado, está condenado a repetirlo, por lo tanto, dejemos de tener tanto miedo a no ser vistos con los mejores ojos ni a que nos critiquen. Enfoquemos nuestra energía en explorar nuestros propios caminos y escribamos nuestro propio libro. Al final de cuentas nadie va a contar mejor nuestra historia que nosotros mismos.

Y si nos toca ser los villanos, que así sea. El mundo no lo colorea la verdad, sino la percepción de la gente que nos rodea y las leyendas, por más ficticias que puedan ser, siempre tienen algo verídico en el fondo.

Espero que cuando muera, cuenten cómo era y no me pinten como santo: histérico, jodido, quizá hasta retorcido, pero jamás aburrido.
Y ustedes darlings, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…
Saludos afectuosos.
Mostro.